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"La solidaridad no ha de ser por impulso, en campaña, sino una cosa habitual"

Preside, desde 2012, Manos Unidas, una de las ONGDs más conocidas en España. Soledad Suárez sabe perfectamente lo que significa solidaridad en todos sus aspectos.

el 22 jun 2014 / 10:56 h.

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Por María José Atienza Preside, desde 2012, Manos Unidas, una de las ONGDs más conocidas en España. Soledad Suárez, farmacéutica, madre de cuatro hijos y abuela de seis nietos, sabe perfectamente lo que significa solidaridad en todos sus aspectos. En la actualidad Manos Unidas tiene abiertos unos 1.400 proyectos en América, África y Asia y un objetivo común desde hace más de medio siglo: acabar con el hambre. -Manos Unidas es una de la ONGDs más conocidas en España. Más de medio siglo llevan trabajando en los países del Tercer Mundo pero ¿cómo nace y qué relación con la Iglesia tiene Manos Unidas? -Manos Unidas nace hace 55 años, después de unas impactantes imágenes que empiezan a llegar del hambre en África, de la zona de Biafra, de las guerras de descolonización y la FAO en 1956 lanza un manifiesto en el que afirma que no puede permitirse que exista este hambre en el mundo. Soledad Suárez, presidenta de Manos Unidas, afirma que una de las cosas que más le encanta de la asociación es que son muy abiertos. / Foto: M.J.A. Soledad Suárez, presidenta de Manos Unidas, afirma que una de las cosas que más le encanta de la asociación es que son muy abiertos. / Foto: M.J.A. Las mujeres de Acción Católica de España, integradas en la UMOF, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas, se adhieren a ese manifiesto de la FAO y también hacen un manifiesto de diez puntos que comienza Nosotras mujeres, dadas a perpetuar la vida y a llevar la vida en nuestro seno, no podemos permitir que exista la muerte por falta de alimentos… etc. En este manifiesto resaltan el gran poder que tienen las mujeres para influenciar a su alrededor, para cambiar las actitudes, y que se viva de otra manera y terminan afirmando nosotras declaramos la guerra al hambre. A partir de ese momento se inicia lo que se conoce como Campaña Contra El Hambre. -El primer año hicieron una colecta en la que se recogieron 500.000 pesetas, una fortuna para aquella época. En esos momentos todavía tenía que dedicarse parte de ese dinero a España donde había muchas zonas en las que se pasaba hambre. -Siempre hemos tenido una estructura diocesana: en cada diócesis hay una delegación de Manos Unidas que es una parte más de la diócesis, dependemos del obispo, y es el obispo el que nombra a las delegadas de Manos Unidas... Poco a poco va creciendo, ligado a la Iglesia a través de Acción Católica, y en el año 2000 nos organizamos como una Asociación Pública de Fieles y, en virtud de esto, solicitamos en el ministerio de Justicia ser una Organización No Gubernamental para el desarrollo –ONGD–. Es decir, si perdemos nuestra condición de Asociación Pública de Fieles perdemos nuestra condición de ONG porque el ministerio de Justicia nos los ha dado por ser dicha Asociación. La Conferencia Episcopal Española nos nombra además como ONG de la Iglesia Católica. Hasta ese punto somos parte de la Iglesia. Una cosa que me encanta de Manos Unidas es que somos muy abiertos. Dentro de esta Asociación Pública de Fieles los miembros podemos vivir nuestra Fe y nuestra pertenencia a la Iglesia desde muchos sitios, carismas, sensibilidades... y ninguno predomina. Estamos todos cómodos aquí dentro y queremos que estén cómodos nuestros socios, nuestros voluntarios y nuestros colaboradores. Cuando algunas personas nos dicen que no se nos nota que somos católicos respondo siempre que no leen bien lo que publica Manos Unidas; porque para nosotros es un orgullo, nuestros fundamentos están en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia. -Una de las características de Manos Unidas es la centralidad que la mujer tiene en sus campañas… -La mujer siempre ha sido el centro de atención de Manos Unidas a lo largo de la historia. Lo primero de todo porque, como dice esa frase hecha pero que lleva mucha razón, la pobreza tiene rostro de mujer. No cabe duda que en los países en vías de desarrollo esa lucha que ha habido en los países desarrollados por la equiparación de la mujer, es impensable. La mujer vive una situación de cosificación y nosotros creemos que Dios nos hizo hombre y mujer, a su imagen y semejanza, a cada uno de nosotros. Con lo cual la mujer tiene que estar en igualdad de respeto y de oportunidades. Este punto podría decirse que forma parte de la filosofía, de los fundamentos de Manos Unidas: Dios nos quiere iguales a todos. En la parte práctica, cuando queremos lograr que una comunidad se desarrolle, siempre es a través de la mujer. La mujer es la que se encarga del cuidado de las personas más desvalidas de su casa: los niños y los ancianos. La mujer es la que marca la educación en su hogar, de sus hijos. Si conseguimos que la mujer les eduque en la igualdad, porque muchas veces las mujeres de estas zonas no les educan de este modo, vamos a conseguir que sean adultos en igualdad. Todo pasa por la mujer. En los países en vías de desarrollo la que trabaja es la mujer, se levanta antes que el hombre para ir a los campos, para ir a por agua, para hacer la comida y se acuesta mucho más tarde que el hombre. Es así. Y ahí es donde nosotros tenemos que trabajar, en los dos sentidos: para que eso cambie y para que la sociedad prospere económicamente hablando. -Hace ya varios años que las campañas de Manos Unidas están ligadas a los Objetivos del Milenio, ¿por qué esa adhesión de Manos Unidas a estos objetivos? En Manos Unidas nos pareció muy importante que hubiera una declaración de Objetivos de Desarrollo del Milenio. Es tan importante que 168 países se pongan de acuerdo en el ámbito de las Naciones Unidas para decir que no se puede vivir como se vive, que hay que cambiar, que ése es el gran logro de los objetivos del Milenio. El gran fracaso de los Objetivos del Milenio es que no hemos conseguido que la sociedad los haga suyos. Ni en nuestra ni en la sociedad de los países en vías de desarrollo a los que se les ha impuesto, no han participado en su elaboración. Quizás, si no han dado más resultado ha sido, entre otras cosas, por estas dos causas. Nos pareció muy importante trabajar los ocho objetivos marcados. Este año estamos trabajando el último Fomentar una alianza mundial para el desarrollo. Curiosamente, es por el que la gente menos pregunta porque es el que más nos afecta a nosotros, a los habitantes de los países del primer mundo: ¿cómo vas a cambiar tú? -¿Cree que esta falta de adhesión de la sociedad a los Objetivos del Milenio, en cierta parte, viene porque son considerados una utopía, algo que, por muy bonito que sea, no se va a lograr? -La utopía es algo precioso. Las utopías hacen que te levantes y camines. Lo de menos es que lo consigas, lo de más es que estás caminando y estás consiguiendo cosas. Cuando la gente me dice que somos utópicas les contesto: «Claro que sí, pero también eran utópicos los que empezaron a luchar por la igualdad de los derechos civiles, en los años 50 en los Estados Unidos, y se murieron sin ver un presidente de raza negra». Ellos han conseguido su utopía, aunque no llegaran a verla, yo no quiero ver la mía, quiero que se consiga. -El tema de la pobreza y del hambre en el mundo es tan complejo, no se puede atacar desde un solo frente. Cuando todos tengamos la voluntad de acabar con el hambre, se acaba. Porque hoy en día producimos el doble de alimentos que se necesitan para alimentar a todo el mundo. -Hay una tendencia que afirma que lo que hay que hacer es que haya menos habitantes en el mundo porque no hay alimentos para todos, eso está absolutamente demostrado que es falso. Lo que ocurre es que no la distribuimos bien. Ahí empezamos a tener parte de responsabilidad todos. Más que culpabilizar, hay que pensar yo ¿Qué puedo hacer? Seguro que podemos hacer algo. Pequeños signos que te recuerden que eres un privilegiado por poder comer, o elegir cuánto comer, y que eso te lleve a hacer algo para erradicar esa situación. -Los españoles tenemos fama de volcarnos ante situaciones de catástrofe pero, ahora, fuera de la campaña de Manos Unidas por ejemplo ¿diría que somos solidarios de campaña? -Es complicado el tema de la solidaridad. Creo que en España somos muy solidarios por impulso: cuando vemos un desastre, cuando vemos una catástrofe, nos pasa como con la donación de órganos en la que somos pioneros porque, en el momento que te piden un órgano para salvar a alguien eres capaz de darlo y, sin embargo, somos los últimos donando sangre que necesita una periodicidad, o el esfuerzo de ir.., es indudable que tenemos que hacer una gran labor para que los españoles seamos más conscientes de que la solidaridad no ha de ser por impulso sino una cosa habitual. -En esta línea, la percepción de Manos Unidas en muchas personas está muy unida a los colegios. Salimos del colegio y ¿se nos olvida Manos Unidas? -La labor de los colegios es fundamental porque le estás enseñando al niño cómo viven otros niños, suscitando un cariño, una cercanía y, sobre todo, que sean capaces de prescindir de algo para dárselo a las otras personas. Es clave: no dar de lo que sobra sino que prescindamos de algo para darlo y eso tiene más valor. Salimos del colegio y sí, pasa, como con muchas otras cosas, que sales del colegio y se te olvida… pero la labor que hacen las delegaciones en todas las ciudades españolas es importantísima. Se organizan muchas mesas redondas, actuaciones, bocadillo solidario, o las 24 horas para cambiar el mundo… ahora estamos haciendo un esfuerzo muy grande por entrar en las Universidades y tener voz allí. Nos gusta estar en la calle y que la gente nos vea. Lo primero que hay que hacer siempre es tener interés por lo que hace cualquier ONG para colaborar con ella. Yo animo siempre que me preguntan a entrar en la web y a través de ahí se descubren muchas maneras de colaborar. -Entre las formas de colaborar; Manos Unidas oferta una serie de cursos online de formación en temas relacionados con voluntariado, educación para el desarrollo... ¿Cómo nacieron estos cursos, algo poco común en otras ONGs? -Llevábamos tiempo pensando que había que cambiar la manera de llegar a las personas. No podíamos cerrar los ojos a la realidad de que hoy nos comunicamos a través de una pantalla: ordenador, móvil... y surgió una convocatoria de la ECID de convenios para educación para el desarrollo y entonces presentamos una oferta de formación a través de las Nuevas Tecnologías Online. Manos Unidas siempre se ha caracterizado por tener una oferta de formación estupenda. Nos preocupa mucho que nuestros voluntarios estén formados y poder formar a la sociedad. Los cursos están llegando a muchísima gente. Personas que ni siquiera saben que somos una ONGD de la Iglesia católica. Tenemos mucha esperanza en que estos cursos no sean sólo una manera de conocer Manos Unidas sino también de cambiar el corazón de las personas. -En un momento de crisis económica como la que atraviesa España, ¿no puede resultar chocante que una ONG española no trabaje en España? ¿Habéis recibido críticas? -Muchas. La gente no entiende que sigamos trabajando fuera de España. No entiende que nos quejemos de la bajada de la ayuda oficial al desarrollo de España, etc. Para mí es tan evidente. Si yo por ejemplo daba 100 a Manos Unidas y ahora lo doy a una organización que trabaja en España, los niños a los que iba a ayudar esos 100 son los que están ayudando a los de España. No es la persona que da los 100, que, simplemente está cambiando el destino de esos 100… y así no lo conseguiremos. Da esos 100 y prescinde de algo más para ayudar a los de aquí. ¿Cómo no van a necesitar ayuda en nuestro país? ¡Claro! En mi parroquia todos los segundos domingos de cada mes tenemos el kilolitro; soy la presidenta de Manos Unidas, y seguramente, soy de las que más kilos y litros llevo. ¿Cómo se me va a ocurrir a mi no ayudar a los que tengo al lado? Pero ha de ser a base de mi esfuerzo, no de dejar de ayudar a otros que están fuera y que necesitan más esa ayuda. Porque, eso sí que me atrevo a decirlo, allí la falta de ayuda representa la muerte. En España afortunadamente no se nos mueren de hambre. Tenemos que ayudar más aquí, pero con nuestro sacrificio, apretando un agujero más el cinturón: dejo de tomarme una caña y ayudo a los de aquí. Pero sin dejar de ayudar a los de allí. -50 años después de su comienzo, ¿qué ha cambiado y qué no en Manos Unidas? -Desde luego el fundamento no ha cambiado. Desde el principio se trabaja para los pobres entre los pobres; se intenta cumplir con el mandato evangélico Dadles vosotros de comer. No ha cambiado el voluntariado, ni la austeridad, ni la transparencia. Ha cambiado, quizás, la manera de trabajar pero el alma de Manos Unidas sigue siendo la misma.

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