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Las enseñas nacionales

Hoy, 12 de octubre, de nuevo recreamos la nación española en unas condiciones muy diferentes a las de años anteriores, pues la euforia y la satisfacción por ser como somos que ha estado presente en los últimos años (a pesar de los que vaticinaban la desmembración de España) se han desvanecido con la actual crisis económica.

el 15 sep 2009 / 16:36 h.

Hoy, 12 de octubre, de nuevo recreamos la nación española en unas condiciones muy diferentes a las de años anteriores, pues la euforia y la satisfacción por ser como somos que ha estado presente en los últimos años (a pesar de los que vaticinaban la desmembración de España) se han desvanecido con la actual crisis económica, que nos enfrenta a una realidad bien distinta.

El tiempo transcurrido viene a demostrar que este país sigue en pie, al margen de las banderas, los himnos, la diversidad lingüística, de religiones, de etnias, con la incorporación de los emigrantes, y al margen también de los conflictos por la financiación de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos, de las controversias sobre el agua y otras cuestiones fronterizas. Pues, en definitiva, lo que ha constituido una seña de identidad que nos une a todos cuanto vivimos en España ha sido el desarrollo de un cierto estado del bienestar que ha fortalecido la ciudadanía.

La extensión de la sanidad, de la enseñanza obligatoria, de las prestaciones sociales, así como el impulso a los medios de comunicación, junto a otras inversiones, han contribuido sin duda a igualar a los ciudadanos, respetando la diversidad. De tal manera, que podía afirmarse que los avances aludidos constituían las auténticas enseñas nacionales.

Ocurre ahora que las señas de identidad de la pretendida nación española pueden ir al traste con la crisis financiera en la que estamos inmersos. Es decir, que las enseñas nacionales ya no pertenecen a la ciudadanía, ni a ella corresponden; que ni siquiera las porta el gobierno. Son de las entidades financieras, que han ocupado la posición de abanderadas en esta especie de competición olímpica para evitar el desastre en la que se ha convertido la economía mundial. Son estas entidades las portaestandartes de la identidad española; de ellas depende la continuidad de un modelo en el que se había encontrado un mínimo consenso.

Por ello, el partido en la oposición, que siempre ha jugado al catastrofismo como estrategia política, ha cambiado de orientación, que no de sentido, y ahora son los bancos los destinatarios de sus críticas. Sintiendo de nuevo que le han arrebatado el monopolio sobre el destino de la nación española, acusan a esos bancos de querer quedarse con el dinero de los españoles, es decir, el que el gobierno va a invertir en la compra de activos. Un dinero que no llegará ni a las empresas ni a las familias, afirman, pues servirá para tapar sus propios agujeros (cosa que puede ocurrir, pues de nada estamos a salvo en estos momentos).

Lo que llama la atención es que esto sorprenda al PP y que formule la acusación públicamente, pues el "negocio" de las entidades financieras reside precisamente en sacar rédito al dinero ajeno. La razón de esta repentina lucidez acerca del comportamiento de los bancos no está en que han perdido la inocencia respecto al sistema, sino en repetir su catastrofismo sobre la nación, atacando a los que portan sus enseñas. Y así, caemos de nuevo en la esquizofrenia de que es el partido socialista el que cree en los bancos, o dice creer en ellos porque no tiene más remedio, y el PP el que siembra las dudas acerca su comportamiento. Pero lo que está en el fondo de todo ello no es más que las enseñas nacionales, de las que se quieren apropiar a costa de sembrar la desolación en la sociedad. Ver para creer.

Rosario Valpuesta es catedrática de Derecho Civil de la Pablo de Olavide

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