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Las redes sociales se movilizan en busca de Marta

Un vecino de su bloque escuchó un grito en la calle en torno a la hora a la que se vio por última vez a Marta del Castillo, la joven de 17 años desaparecida desde la noche del sábado, cuando un amigo la dejó en la puerta de su casa.

el 15 sep 2009 / 21:49 h.

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Un vecino de su bloque escuchó un grito en la calle en torno a la hora a la que se vio por última vez a Marta del Castillo, la joven de 17 años desaparecida desde la noche del sábado, cuando un amigo la dejó en la puerta de su casa. Su padre, Antonio del Castillo, explicó ayer que ésa es la única novedad después de tres días sin rastro de la chica.

Familiares y amigos confesaban que, además de destrozados por la incertidumbre y la larga espera, tienen cada vez menos confianza en que todo se resuelva bien, porque ninguno ve a Marta capaz de marcharse por voluntad propia y sin avisar. El testimonio de un vecino que el sábado, sobre las diez de la noche, escuchó un grito que lo alarmó lo suficiente como para asomarse a la calle reforzó ayer sus temores. El vecino, que ya ha declarado ante los policías que investigan el caso, no vio nada cuando miró hacia la calle, ni pudo asegurar que se tratara de la voz de Marta. De hecho, no le dio importancia hasta que se enteró de la desaparición.

Pero es la única pista nueva desde que el sábado, sobre las 21.30 horas, otra vecina viera a Marta esperando sola dentro del portal del bloque, en la calle Argantonio, 3, cerca de Santa Justa, según explicó ayer el padre de la joven. Antonio, que habló tan sólo cinco minutos con la prensa, visiblemente emocionado y a ratos con lágrimas en los ojos, aseguró que la joven no llevaba encima más de 10 euros ese día, y tampoco cogió tarjetas de crédito ni ropa de abrigo, porque en la casa no falta nada.

Por eso, los familiares siguen convencidos de que no se fue por su propio pie, sino que alguien se la llevó consigo. El padre explicó que la madre de Marta "está como si no estuviera, a base de caldo y pastillas" y encerrada en su casa, donde numerosos parientes los han estado acompañando desde que comenzó la búsqueda de la mayor de sus tres hijas. Cada día que pasa, la familia está más desesperada, porque ven más difícil que, si está bien, no vuelva.

En el domicilio se han recibido en estos días numerosas llamadas de teléfono de personas que dicen haber visto a Marta en localidades de toda España, entre ellas Alicante, las localidades gaditanas de Jerez y El Puerto de Santa María e incluso el extranjero. Todas han sido comunicadas a la Policía para que las investigue, por ahora sin resultados.

Minutos antes de que su vecina viese por última vez a Marta la noche del sábado en la puerta de su casa, Miguel, un joven de 19 años y vecino de Sevilla capital que había salido con ella hacía tiempo, la había llevado en moto hasta su casa y la había dejado a pocos metros del portal. Ambos jóvenes habían roto su relación sentimental de forma amistosa tiempo atrás y él tiene otra novia desde hace tres o cuatro meses, según los amigos de la adolescente. Marta había pasado la tarde en Triana y había ido a visitar una iglesia junto con Miguel y un tercer amigo, aunque ninguno de los dos formaba parte de la pandilla habitual de la joven.

De hecho, los amigos del barrio, que ayer se reunieron para repartir por la ciudad carteles con el rostro de la joven, como llevan haciendo los dos últimos días, decían ayer que Miguel no era una persona en la que confiaran. Marta sí se llevaba bien con él, aunque mantenían una relación muy esporádica, casi siempre cuando se encontraban en foros de internet.

Aunque Marta tenía fijada como hora de llegada las once de la noche y el sábado la dejaron en el portal cuando sólo eran las nueve y media, sus amigos no creen que se marchase a otro sitio, y de hecho ayer recordaban que ella volvía muchas veces antes de tiempo si su pandilla se iba a casa.

Su familia ya había explicado al dar a conocer su desaparición que la joven siempre decía adónde iba, y que, si cambiaba de sitio o se quedaba sin batería y sabía que se le iba a apagar el móvil, llamaba a su madre para advertirla. Incluso si nada de eso ocurría, solían llamarse varias veces a lo largo del día, de ahí que, cuando a las ocho de la tarde su madre se percató de que tenía el teléfono apagado, se preocupó y comenzó a buscarla.

El grupo de Menores de la Policía Nacional, que se ha hecho cargo del caso con ayuda del de Homicidios, sigue indagando en el contenido del ordenador personal de la chica y de sus diarios, que se llevaron el lunes de su casa, en busca de un hilo del que tirar. Fuentes policiales indicaron ayer que al inicio de estas investigaciones es esencial reconstruir lo que la persona desaparecida hizo en las últimas horas y elaborar un perfil psicológico que permita aventurar sus intenciones.

"No hay un protocolo estricto, es importante encontrar indicios que permitan iniciar una línea de investigación, y a partir de ahí se adoptarán las medidas más apropiadas según el caso", explicaban ayer fuentes policiales, que aclaraban que es muy diferente buscar a una persona si se cree que está retenida contra su voluntad que si se piensa, por ejemplo, que puede haber viajado para encontrarse con alguien a espaldas de su familia y sus conocidos.

Antonio explicaba ayer que su hija se conectaba bastante a internet, aunque no podía precisar a qué tipo de redes porque "no nos metíamos en su ordenador ni sus diarios". La descripción de su estado en su página de la red social Tuenti, que dice literalmente: "mejor que nunca, sicarios os quiero", es uno de los detalles a los que ni familia ni amigos hallan explicación. Pero su padre recordó que la joven, que cumplirá 18 años el próximo mes de julio, era una niña dócil, que no tenía problemas en casa ni en el barrio, donde "la conocía todo el mundo", porque "aunque no es muy buena estudiante, es muy buena persona".

Estudios. Según sus amigos, la tutora de la joven había hablado hace tan sólo un par de semanas con sus padres para asegurarles que estaba obteniendo mejores resultados que nunca en el colegio San Juan Bosco, donde cursaba cuarto de ESO y donde ayer también había carteles con su foto. Ningún responsable del centro quiso hacer ninguna valoración sobre ella ni sobre su desaparición, que sí era comentada por los padres que acudían a por sus hijos.

Sus amigos la describen como una chica extrovertida, muy alegre y comunicativa, que no se llevaba mal con nadie y que conocía a mucha gente, pero a la vez prudente, poco dada a niñerías.

La pandilla de la joven lleva días recorriendo las calles en su busca. Familiares, amigos, vecinos y conocidos se han ofrecido también a sus padres a ayudarlos a buscarla rastreando la ciudad, pero de momento está opción está en suspenso mientras la Policía Nacional no lo recomiende.

En otras desapariciones se han llegado a emplear perros expertos en seguir rastros, y también motos o caballos para adentrarse en zonas de difícil acceso como parques o áreas boscosas, pero por el momento no hay indicios que lleven a buscar a la joven en lugares de estas características.

Antonio del Castillo aprovechó ayer para agradecer tanto estos ofrecimientos como la labor que ha realizado la Policía Nacional durante estos tres días. Aseguró que los agentes que se ocupan del caso "están trabajando 48 horas al día" para localizar a Marta. La noche que se la vio por última vez, la adolescente iba vestida con vaqueros azul claro, jersey crudo, cazadora de pana negra y un pañuelo palestino de color rosa. La chica tiene los ojos verdes, es rubia y lleva el pelo largo, y mide 1,65 metros.

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