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Cultura

Las salas, bajo la amenaza del precinto del Consistorio

Malandar, último eslabón de una creciente cadena de espacios cerrados en la zona de la Alameda

el 10 dic 2011 / 20:27 h.

Marcelino García Toral se desgañita en la banda del Ciutat.
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El precintaje, el pasado viernes, de la sala Malandar -180 conciertos el año pasado, elegida Mejor Sala de España en 2011 por la UFI- ha disparado la alarma entre los propietarios de espacios nocturnos y locales de conciertos del centro de la ciudad. Si hace casi dos meses era precintada la sala Kafka, en la calle Faustino Álvarez, la semana pasada le tocaba a Lord K, en Quintana. Ahora, el caso de Malandar vuelve a poner sobre la mesa el largo historial de desencuentros entre estos establecimientos y el Ayuntamiento hispalense.

Fuentes municipales aseguraban ayer a El Correo de Andalucía que los precintos por exceso de decibelios, como el impuesto a Malandar, "vienen siempre precedidos de denuncias y sanciones", si bien "debido a lo simbólico de la sala, que es un referente para la ciudad, la semana próxima se reunirán con el propietario representantes de Urbanismo, Cultura y Medio Ambiente para buscar una solución". En semejantes términos se manifestó el alcalde Juan Ignacio Zoido, a través de su Twitter desde Florencia, donde se hallaba ayer.

También espera un pronto arreglo el responsable de Malandar, Julio Moreno, quien no obstante alega que el único conflicto que ha tenido en siete años ha sido "con una vecina que nos denuncia, pero se niega a someter su casa a medición", dice.

Otra cuestión es la limitación de decibelios impuesta por Medio Ambiente. Según Moreno, "la última exigencia era de 92 decibelios, lo que equivale a un zapatazo, o a cuatro amigos cantando Cumpleaños feliz. Piensa que una batería a pelo son 96 decibelios, y nosotros llevamos todo este tiempo dando conciertos a 96 o 97, sin ningún problema. Si insisten en obligarnos a estar por debajo de los 92, se acabó Malandar", agrega Julio Moreno.

Para el propietario de esta sala, que ayer mismo tenía previsto acoger la grabación de un recital en vídeo del cantante sevillano Daniel Mata en el Callejón del Gato, y tenía programados casi una decena de conciertos hasta final de año, "el cierre causa perplejidad, porque he de decir que este Ayuntamiento se estaba comportando con nosotros de un modo excepcional -incluyendo el pago de las cantidades adeudadas por el anterior gobierno municipal- y estábamos trabajando con la delegada María del Mar Sánchez Estrella en un proyecto sobre grupos sevillanos que pretendíamos que empezara a rodar cuanto antes", recuerda.

Algimiro Delgado, por su parte, ha visto cómo dos de los tres locales que regenta -Kafka y Lord K, el tercero es Cosmos- han sido cerrados en apenas dos meses, y sólo encuentra una explicación: "Están atacando de forma desmesurada. La ley debe ser la misma para todos, pero en algunos locales se consienten cosas hasta límites insospechados, y con otros muestran una animadversión inexplicable".

Kafka, uno de los referentes nacionales de la música electrónica al que acudían regularmente los mejores dj's del momento, poseía licencia de bar con música, pero Delgado asegura que no ha tenido denuncias por ruido "más allá de las quejas por la gente que sale a fumar y charla en la puerta". A diferencia de Julio Moreno, de Malandar, no ha conseguido en todo este tiempo que le reciba nadie del Ayuntamiento para tratar de defender su posición. "Ahora la presión es brutal para todos los que tenemos bares, pero creo que no nos están midiendo con el mismo rasero. Además, se olvidan de que ofrecemos un servicio, de que tributamos a Hacienda y creamos empleo. Desde que me han cerrado los dos bares, son 20 los trabajadores directos e indirectos que dependían de nosotros que ahora están en la calle".

Tampoco el Lord K tenía, según Paco -su responsable desde abril de la pasada temporada- problema alguno de ruido: "Los de Medio Ambiente nos visitaron una vez y no nos dijeron absolutamente nada. La policía local había venido a última hora varias veces, pero sin denuncia ni nada por el estilo. Quienes precintaron eran unos mandados, la orden venía del Ayuntamiento. Pero no sabemos por qué".  

Sea por el azote de la crisis, sea por el excesivo rigor de las políticas municipales, lo cierto es que en los últimos años el público sevillano ha visto cómo era desmantelada buena parte del tejido de salas de conciertos y locales nocturnos con música, desde Salvation a El Perro Andaluz, y desde La Sirena a la sala Q, entre muchas otras. La zona de la Alameda, acaso por ser una de las de mayor concentración de establecimientos de este tipo, ha sido también la más castigada por los cierres.

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