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Cultura

Lole abrió la puerta y Manuel echó el pestillo

Apareció Lole Montoya en el escenario con una puntualidad muy poco flamenca. Eran las once casi en punto de la noche y el Auditorio de la Cartuja iba congregando a una parroquia bastante homogénea. Diríamos que apenas dos grupos: aquellos hijos del movimiento underground, habitantes de esa Ciudad del arco iris que fue Sevilla, melenas hoy plateadas y la dignidad rockera intacta.

el 15 sep 2009 / 12:12 h.

Apareció Lole Montoya en el escenario con una puntualidad muy poco flamenca. Eran las once casi en punto de la noche y el Auditorio de la Cartuja iba congregando a una parroquia bastante homogénea. Diríamos que apenas dos grupos: aquellos hijos del movimiento underground, habitantes de esa Ciudad del arco iris que fue Sevilla, melenas hoy plateadas y la dignidad rockera intacta; y un segundo grupo formado por los hijos, y hasta los nietos de éstos, los que crecimos escuchando la música que imponían los padres, deslumbrados entonces por la estrella fugaz de la libertad.

Así, rodeada de canas, cerveza y cannabis, Lole Montoya abrió la puerta de la nostalgia en el concierto que venía a celebrar el trigésimo aniversario del denominado rock andaluz. Un término precioso como concepto porque, como quedó perfectamente demostrado el sábado en el Auditorio, el rock andaluz no es un género musical, no es simplemente una fusión. El rock andaluz fue un movimiento cultural, una llamada de atención, un zamarreón a la estática y conservadora Sevilla y una explosión musical que se produjo tras el choque del flamenco con las influencias externas.

Eso es lo que se recordó el sábado en el Auditorio, porque más que un concierto (dejemos a un lado la deficiente calidad en el sonido; las voces rasposas y curtidas por el tiempo y otros excesos, y otros asuntos menores), lo del sábado fue un viaje musical a través del tiempo. Por eso llegó Lole y se encendió el auditorio, porque la hija de La Negra, con su voz intacta, fue la primera en hablar desde lo jondo a un público no exclusivamente flamenco.

Lole le abrió la puerta a la nostalgia y metió al público de lleno en una espiral que se detuvo a conciencia en Pata Negra (qué arte más grande) y su repaso a los temas fundamentales ("Si tú te vas yo me quedo en Sevilla...", "Todo lo que me gusta es ilegal...") y Alameda. Su líder, Pepe Roca, se empeñó en mostrar al auditorio su nuevo repertorio. No funcionó. "Oiga, aquí venimos a recordar lo que fuimos", le dijo el público con su silencio. Oído cocina, puesto que justo ahí llegó el momento cumbre de la noche.

Nostalgia en estado puro. Eduardo Rodríguez Rodway, único superviviente de Triana, verdadero símbolo del rock andaluz, salió a escena entre el griterío más ensordecedor y, de pronto, entonó un himno conocido por todos los fieles. Tu frialdad se recordará ya a partir de hoy desde la voz conmovida de Rodway; desde su congoja y su agradecimiento. A partir de ahí, qué quieren que les diga. Sólo le estaba permitido el paso a Manuel Molina, para echarle el pestillo a la nostalgia con una guitarra eléctrica.

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