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Los 45 ‘toros’ de Santa Catalina

No se sabe lo que pesa, pero la trasera del misterio tiene un ligero cálculo: «Una ‘jartá’». Si nos referimos al palio, ayer miles de ojos redescubrieron una maravilla recién restaurada: el manto de la Virgen de las Lágrimas.
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el 01 abr 2010 / 17:58 h.

45 toros bravos calza el paso de misterio de la Exaltación, uno de esos barcos que, como los de La Lanzada o Los Panaderos, abruman nada más asomar sus maniguetas por la iglesia de Los Terceros, de donde por sexto año procesionó ayer tarde ante el delicado estado de salud que padece su sede habitual, la parroquia de Santa Catalina.

Ante tamaña mole refulgente en su canasto y sobrepoblada en su parte alta -la escena es en sí misma el mejor de los fotogramas de cualquier película que verse sobre la Pasión de Cristo-, surge la pregunta del millón: ¿y esto cuánto pesa? Hacemos la pregunta a pie de barco a los hombres del costal, y responde Emilio, uno de los de la trasera, "donde más pega el paso". "No se sabe cuánto pesa, pero tengo un ligero cálculo: una jartá".

La cuadrilla de capataces tampoco especifica más: "Hace unos años se intentó pesar en una báscula de camiones, pero finalmente no se hizo".

Momentos antes de la primera llamada, varios costaleros lucen una inquietante prominencia en sus cuellos, algunos con la sangre a flor de piel.

"Los hay, como yo, que somos de pellejo duro y apenas sangramos, pero hay otros que sangran a las primeras de cambio", ilustra Emilio, que relata de carrerilla su macroestación de penitencia en las trabajaderas: "El palio de la Amargura, el Cristo de Las Aguas, el Cristo de La Bofetá, hoy ésta, la Madrugá el Gran Poder, mañana La Carretería y el Sábado el Decreto". Im-pre-sio-nan-te. ¿El secreto para no desfallecer? "Ni el gazpacho ni las verduras, la Cruzcampo", cuenta.

Y no sigue porque llama Mariano Falcón. En la puerta aguarda nervioso Lucas, que se estrena de acólito junto a su tío en la presidencia del Cristo.

En un abrir y cerrar de ojos, el magnífico Cristo del taller de Pedro Roldán luce bañado por el sol de la sobremesa a los sones de Bendición, una de las marchas marca de la banda del Sol.

Extasiados con el recuerdo del misterio, la espera del palio se hace más llevadera. Y más este año, donde se clavaban tantos ojos en la delantera como en la trasera del paso. ¿Razón? La Virgen de las Lágrimas reestrenaba manto.

La proeza de rescatar una pieza clave del taller de Olmo (1917) ha recaído en el bordador ecijano Jesús Rosado y en el diseñador cordobés Rafael de Rueda, quien reconstruyó con un programa informático el dibujo del manto para poder abordar su rescate. Por segunda vez en esta crónica, el veredicto es uno: im-pre-sio-nan-te.

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