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Cultura

Los efectos colaterales de la escasez

He aquí los datos: disminuyen los festejos y aumentan las reses sin lidiar.

el 26 jun 2010 / 16:24 h.

La comparación de los escalafones de matadores de toros de las temporadas 2008 y 2009 son elocuentes. Si el número 1 de ambas campañas, el diestro granadino David Fandila El Fandi, concluyó el año 2008 con 111 festejos toreados, la del pasado año la cerraba con 98, 13 menos. Las cifras son válidas para el resto del escalafón, descendiendo en progresión aritmética de un año a otro.

Esa disminución del número de festejos ha traído consigo que muchas reses queden sin lidiar en el campo, agravando un problema que ya venía de largo: la bonanza económica convirtió en criadores a numerosos constructores y hombres de negocios ajenos a la tradición ganadera que multiplicaron los hierros inscritos en las asociaciones y desplomaron los precios.

Otra de las consecuencias inmediatas de la enorme inflación ganadera está siendo la lidia de toros cinqueños que dan la medida del enorme remanente de reses bravas que aún pastan en el campo: más de 4.000 toros que quedaron sin lidiar en la pasada campaña. Ya se pudo comprobar en la pasada Feria de Abril y ha sido una constante en la reciente feria de San Isidro, donde se han visto salir por la puerta de chiqueros hasta 59 toros de cinco años.

Los astados se quedan en la dehesa, siguen comiendo un año más, recibiendo los saneamiento y el manejo correspondiente, mientras los precios medios de una corrida de toros se desploman por completo, muy lejos de aquel "kilo por toro" que caracterizó los tiempos de mayor bonanza. En el matadero se obtiene poco más de 300 euros, la mitad de lo que come en un año.

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