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Los erasmus no traducen la crisis

La hospitalidad sevillana y la buena imagen de la ciudad siguen atrayendo a los estudiantes internacionales.

el 16 sep 2013 / 21:41 h.

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La Universidad de Sevilla ha dado la bienvenida a los más de 1.700 alumnos internacionales que este curso 2011-2012 van a estudiar en sus aulas. La hospitalidad sevillana, el prestigio de carreras como Arquitectura, en muchos casos el idioma y en otros incluso la red de carriles bici. Es lo que sopesan los estudiantes universitarios de otros países a la hora de elegir Sevilla para estudiar un curso, sin mirar ni de reojo ni la crisis ni a la supuesta mala imagen que arrastra España frente al resto de Europa desde que los parámetros los marca Alemania. “Me dijeron que me lo pensara dos veces, pero yo quería venir a Sevilla desde hacía tiempo”, admitía la mexicana Rebeca Sánchez, estudiante de Arquitectura de 21 años, que también destaca lo “arraigada” que su disciplina está en la ciudad, “una de las más bonitas de España”, y las facilidades que supone el poder desplazarse en bicicleta, como le contaron compañeros de estudios que ya habían estado en Sevilla. “Ya sabemos alemán, queríamos aprender español, que es muy importante”, destacaban por su parte las rubísimas austriacas de 20 años Magdalena Reiter y Theresa Fugger, estudiantes de Turismo, ante la pregunta de si no barajaron un país económicamente más boyante en vez de venirse a estudiar a España. Con un año de español en la universidad que les permite defenderse a pesar de no llevar más que unos días en la ciudad, las dos jóvenes explicaban que para sus estudios el segundo idioma más hablado del mundo es una necesidad. Reiter, que ya había pasado un año trabajando de au pair en Sevilla, añadía como argumento la cultura andaluza. Los más de 1.200 estudiantes de intercambio que tendrá la Universidad de Sevilla durante el primer trimestre –la mayoría del programa Erasmus, que casi alcanza el millar– se reunieron ayer en la Escuela de Ingenieros para recibir una charla informativa del director de Ingenieros, José Luis Martínez Ramos; el director del Centro Internacional de la Hispalense, Enrique López Lara; y la responsable de los programas de Movilidad Internacional, Maribel Fernández. Los acompañó el concejal de Economía y Empleo, Gregorio Serrano, que protagonizó la anécdota al saludar a los estudiantes en siete idiomas –en todos ellos con marcado acento sevillano–, y destacar en su bienvenida “al único estudiante danés y el único islandés del programa, que estarán por ahí y deben de estar los pobres más solos que la una”, como dijo arrancando las risas de un auditorio que entendía el español mejor de lo que parecía. El aprendizaje del idioma era también el argumento principal para el brasileño José Inácio Specht, estudiante de Ingeniería Civil de 21 años al que le había “encantado” la Sevilla que había conocido a través de internet, “y también la universidad, porque es muy buena y muy antigua, tiene mucha historia”. ¿Crisis en España? “Sí que había oído que no está en un buen momento, pero creo que va a recuperarse”, zanjaba. Lo principal era mejorar el español, que apenas había estudiado dos meses en Brasil. “Ya hablo inglés y quería mejorar el español”, aseguraba, destacando su importancia. Menos se había preparado Valerio Amici, romano de 24 años y estudiante de Periodismo al que le cuesta captar el idioma vecino, pero que confía en que el parecido entre ambas lenguas le sirva de aliado. Extrañado por las preguntas sobre la crisis, aseguraba que la situación de la economía española no había contado a la hora de elegir una ciudad de la que le habían hablado muy bien. En su llegada a la Hispalense, los estudiantes extranjeros –que llegarán a rondar los dos mil con los del segundo trimestre– fueron acogidos también por los voluntarios de la asociación Erasmus Student Network, la mayoría antiguos erasmus como su presidente, Vicente Blázquez, hoy estudiante de un master en Derecho Concursal, que quiere devolver la hospitalidad que recibió cuando estudió en Palermo hace tres años. Ayer comenzaban sus tutorías: “¿Sabéis dónde está la Puerta de Jerez? Pues allí a las ocho y media”. Para no defraudar, lo primero sería una fiesta.

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