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Los intocables de Bermejo

La verdad es que en eso, el señor Ministro de Justicia tiene razón, pues en nuestro País, y porque así lo establece la propia Constitución, salvo el Monarca, nadie resulta intocable, ni los jueces ni el mismísimo Gobierno con su Presidente a la cabeza...

el 15 sep 2009 / 17:21 h.

La verdad es que en eso, el señor Ministro de Justicia tiene razón, pues en nuestro País, y porque así lo establece la propia Constitución, salvo el Monarca, nadie resulta intocable, ni los jueces ni el mismísimo Gobierno con su Presidente a la cabeza.

Por tanto puestos a enseñar el colmillo y sacar pecho con relación a lo que se considera grave negligencia, habría que recordarle que la primera y más grave la constituye el que por parte de la administración que altivamente representa, y en proporcional medida las correspondientes administraciones autonómicas, se lleven lustros permitiendo que la Justicia en España se encuentre a la cola presupuestaria del Estado:

insuficiencia de recursos materiales y humanos, déficit de Juzgados lo que provoca la saturación y colapso de los existentes, carencia de preparación de un personal interino proveniente de bolsas del INEM, imprevisión de un régimen de sustituciones cuando los juzgados ser quedan vacantes de titular, pues pasan meses hasta que se cubren las plazas, sistemas informáticos ineficaces y obsoletos... y sabiendo, o debiendo saber todo eso, se le llena la boca con exigencia de sanciones y responsabilidades. Eso sí que es lamentable.

Porque la sociedad, a la que se manipula y se le transmite una falsa imagen del estamento judicial, ha de saber que los jueces ni somos ni queremos ser intocables, tan sólo queremos desarrollar nuestro trabajo con dignidad. En todo caso el único juez que parece intocable, Gárzonman, por encontrarse por encima de la Ley, las fronteras, el tiempo y la Historia, pertenece a la élite de superhéroes forjados a golpe de titular de prensa, resultando extraño para el resto de la humilde infantería que sacrifica sus vidas en tediosos, anónimos y vulgares procesos. En definitiva, un poco de respeto para quienes su corporativismo se limita a exigir mejoras en un servicio a la ciudadanía.

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