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Los unos por los otros, y el museo sin hacer

La nunca empezada ampliación del Bellas Artes, paradigma de castigo a la Cultura.

el 04 abr 2012 / 21:00 h.

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    La expresión "más largo que las obras de El Escorial", alusiva a los 21 años que tardaron en erigir el Monasterio de San Lorenzo, podría en cualquier momento ser sustituida por un "más lento que la ampliación del Bellas Artes": el museo sevillano ya lleva cinco años esperando que se fije y acometa su proyecto, pero los 500.000 euros asignados este año en los Presupuestos Generales del Estado vuelven a fiar muy largo, que diría el burlador, la necesaria intervención.

    Cuatro ministros -Carmen Calvo, César A. Molina y Ángeles González-Sinde, del PSOE, y José Ignacio Wert, del PP- han tenido sobre sus escritorios los informes pertinentes, pero, ya fuera por falta de entendimiento con la administración autonómica, ya fuera por la crisis sobrevenida, lo cierto es que nadie ha logrado hasta ahora garantizar la buena marcha del proyecto, ni poner una fecha al inicio de las obras; una fecha, se entiende, que no haya quedado disuelta en humo electoralista.

    Recordemos que fue en marzo de 2007 cuando la ministra Carmen Calvo firmó un acuerdo con el entonces consejero de Economía, José Antonio Griñán, y su homóloga de Cultura, Rosa Torres, con el objeto de empezar las obras en 2008. Desde entonces, hemos asistido a tal cantidad de anuncios -algunos hablando de comienzo "inminente" de las obras- y desmentidos, que movería a la hilaridad si no diera pena. ¿Y el PP? Cabe recordar las críticas en 2010 de la portavoz popular Alicia Martínez Martín, criticando la "desidia" del Gobierno socialista, o la confianza del alcalde Zoido hacia Rajoy, al señalar la ampliación del Bellas Artes como "una de las principales obligaciones del nuevo Gobierno con la capital hispalense". Obligación que no ha ido acompañada de dotación económica. No al menos este año.

    El caso de la segunda pinacoteca del país es extensible al resto de las partidas presupuestadas este año. Que la Bienal de Flamenco sufra un mordisco del 40%, en la primera edición en la que este arte se presenta como Patrimonio de la Humanidad, con la bendición de la Unesco, es más que sintomático; que el Teatro de la Maestranza vea reducida un 15% su asignación, justo cuando se cumplen 20 años de su inauguración, también es significativo. Sólo el Museo Arqueológico ha visto incrementada la cantidad del Estado, lo que parece indicar que al menos la amenaza de ruina conmueve a los gestores ministeriales.

    El sector cultural, cansado de ejercer de hermana pobre, es ahora objeto de una silenciosa campaña de desprestigio, en la que sus agentes aparecen como un hatajo de vividores y subvencionados, y se oculta interesadamente su contribución al PIB, su impacto en el turismo y su capacidad de crear empleo, por no hablar de su valor humanístico.

    La sospecha de fondo es que hace mucho que nuestros gobiernos, cualesquiera que sea su signo político, carecen de un modelo cultural, y difícilmente se puede apoyar aquello en lo que no se cree. Y sólo hay algo peor que no ver nunca acabar las obras de El Escorial: no verlas empezar nunca.

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