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Mansedumbre y ganas

Tendero y Delgado, que sufrió una leve cornada, mostraron su disposición.

el 11 abr 2010 / 08:04 h.

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Los toros de Pereda volvieron a ser fieles al guión marcado por su genuina sangre Núñez. Lo que en otros encastes es mansedumbre declarada, en todo lo que procede de los viejos cerrados de Los Derramaderos implica la esperanza de ese tranco de más en la muleta, de ese me voy pero vuelvo que tantos y tantos triunfos propició en otra época del toreo. El caso es que ayer no fue así aunque las rajadas y mansas reses choqueras sí enseñaron una amplia baraja de matices y dificultades que pusieron a prueba a una terna que tenía mucho que demostrar.

Teniendo en cuenta el ganado que tuvieron delante, la mayor sorpresa de la tarde llegó al comprobar la claridad de ideas mostrada por Miguel Ángel Delgado ante el manso y rajado segundo. El joven matador ecijano deslumbró por un exquisito sentido del temple y una cabeza muy bien amueblada que le sirvió para tapar las fuertes querencias de su enemigo, acertando a tirar de él en un puñado de naturales sobresalientes. Delgado tuvo que bregar con las protestas del bicho, con su clara tendencia a mansear pero dejó una grata impresión de torero solvente que devolvió en parte con el complicado quinto.

El joven matador se volvió a arrimar de verdad; mostró una inapelable firmeza pero no acertó a templar una embestida algo descompuesta que seguramente habría sido mucho más clara con el puyazo que le faltó al animal. Este toro tenía sus cosas -brutillo a veces- pero iba y venía siempre y a la entregada faena le faltó limpieza y le sobraron enganchones. Con el trasteo vencido, en un descuido, el animal se echó a su matador a los lomos infiriendole una cornada que no le impidió permanecer en el ruedo hasta matarlo.

En cualquier caso, hay que seguir pendientes de él.Como también hay que seguir pendientes del manchego Miguel Tendero, un derroche de ganas por pulir, que se amontonó en ocasiones con el muy posible tercero en una faena siempre sincera, llena de verdad, que encontró su mejor metraje, el trazo más rotundo, en el inicio. Lástima que ande tan mal con la espada, podría haber cosechado un balance mucho más florido si hubiera acertado a tumbar a éste y al peligroso y complicado sexto, al que sobó sin desmayo, inasequible al desaliento, hasta hacerlo romper hacia adelante en un puñado de muletazos mandones y poderosos que pusieron a todo el mundo de acuerdo.

Esa serie de derechazos estuvo llena de importancia y dio la medida de las posibilidades del manchego, que tuvo que sortear las aviesas intenciones del toro de Pereda hasta el final de la faena. Y ni bien ni mal, sino todo lo contario, se mostró Salvador Vega, sin apearse de ese aire de eterna promesa que acarició la gloria con los dedos y que ve pasar campaña tras campaña sin que ese toreo exquisito que ilusionó en otro tiempo vuelva por sus fueros.

Es cierto que tampoco tuvo toros, pero volvieron a quedar en el ambiente ciertas dudas, el saber si el diestro malagueño terminó de apostar del todo con el soso animal que sorteó en primer lugar. También con el descompuesto ejemplar que cerró su lote. Éste si respondía cuando se le hacían las cosas por abajo. Ahí queda esa duda.

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