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Cultura

«Marbella es un lugar de miel que atrae a muchas abejas, y a alguna avispa»

Una chica croata que solo quiere que sus huesos no terminen en manos de los niños que juegan en el cementerio es la protagonista de ‘Milena, el fémur más bello del mundo’, la novela del mexicano Jorge Zepeda Patterson que conquistó el premio Planeta en su última edición.

el 15 nov 2014 / 15:50 h.

GANADOR Y FINALISTA DEL PREMIO PLANETA 2014

Inmerso en la gira de promoción de los premios Planeta, Jorge Zepeda Patterson (Mazatlán, Sinaloa, 1952), autor de la ganadora Milena o el fémur más bello del mundo aborda distintos aspectos de su obra. En Marbella hay cierta crispación por el retrato que hace de la ciudad en su novela. ¿Tienen motivos para enfadarse? Yo diría que la situación ni siquiera es responsabilidad de los marbellíes, en su mayor parte. Como en el caso de Milena, tiene que ver más bien con la propia belleza del lugar. De hecho, hago un símil entre Marbella y Milena, una chica de belleza extraordinaria que se convierte en la razón de su tragedia, llama demasiado la atención y es secuestrada. Marbella, Cancún, Miami, Punta del Este, son lugares miel que atraen a todo tipo de abejas… Y también a algunas avispas envenenadas. En los años del GIL, el periodista Félix Bayón definió Marbella como «la ciudad a la que todo el mundo llega huyendo». ¿Lo suscribiría? En efecto, es de esos lugares donde la gente tiende a refundarse, y a menudo empatan con los segmentos más corruptibles de la sociedad local. Y Marbella, al ser un lugar cosmopolita, ve magnificados esos efectos. Quiero decir que autoridades locales corruptas hay en todo el mundo, da igual si la escala es en pesos mexicanos o en euros. Pero si pensamos, por ejemplo, en ese Puerto Banús con jeques árabes y capos rusos que han decidido mimetizarse entre otros rusos pacíficos, entenderemos qué dimensión cobra todo. ¿Se diferencian mucho las mafias rusas de, pongamos por caso, los cárteles mexicanos? Sí, tienen otras peculiaridades. Primero, no hay una sola mafia rusa. El nombre es genérico para agrupar a las mafias de todas las repúblicas de la antigua URSS, pero son muchas: ucranianas, kosovares… En segundo lugar, están más diversificados que los mexicanos, para los cuales la droga sigue siendo el leit motiv, la columna vertebral del sistema. Rusia no, tiene otras muchas ramificaciones. Por último, los vínculos con el tejido institucional son mucho mayores en Rusia. Los capos poseen conexiones con el aparato de la ex Unión Soviética a través de la KGB y del Estado de la era Putin. Hay oligarcas a los que se han entregado empresas estatales. El aluminio ruso es el frontis de operaciones de lavado de dinero a gran escala. A menudo se confunde mafia rusa y ucraniana. ¿La escisión de Ucrania afectará al tejido criminal, o el crimen organizado no entiende de banderas? No, no, las mafias entienden de banderas. Es parte de la trama de la novela que no quiero desvelar demasiado, pero en Milena la mafia ruso-ucraniana es de hecho la que domina Marbella. No necesariamente es así en la realidad, es una de las libertades que me he tomado al escribir.Pero las mafias hegemónicas van cambiando con el tiempo. En la novela coloco una mafia ucraniana pro Moscú, y los cambios que se dan en ucrania modifican la correlación de fuerzas entre las distintas facciones. Llama la atención la presencia de los jeques árabes en medio de todo el entramado criminal. Sabe usted que en España son considerados los árabes bienvenidos, a diferencia de los inmigrantes magrebíes. Y hasta se les tiene por salvadores de equipos de fútbol… La verdad es que en la novela pasan muy marginalmente. Milena pierde la virginidad en una venta-subasta con un jeque, pero aparecen de refilón. Me centro más en los lavaderos de dinero vinculados a Londres y Wall Street, que son los grandes operadores del derribo de capitales, y las élites turísticas e inmobiliarias, que son capaces de mover grandes cantidades de dinero. Pero no podría decir mucho más, no los encontré como la parte más visible del crimen organizado, la del tráfico de personas y la de drogas. Durante la escritura de Milena, ¿se ha preguntado cómo acabar con la prostitución? Yo me centro en la versión más atroz de la prostitución, que es la esclavitud sexual, un fenómeno que se ha acentuado a partir de la globalización. Hablo de personas compradas literalmente y explotadas hasta ser destruidas, no abordo otras modalidades, como esa prostitución del mundo desarrollado que incluso algunas feministas defienden como ejercicio de libertad sobre el propio cuerpo. La esclavitud, ese fenómeno atroz y absurdo, es una modalidad nueva, o quizá relanzada desde la antigüedad, en la que ni siquiera se recurre al viejo subterfugio de la deuda con el proxeneta, o la adicción de las drogas en la que las mujeres son víctimas de su propia trampa. México se ha sacudido estos días con el asesinato de 43 estudiantes. ¿Va a ser la gota que colme el vaso para que la sociedad diga «basta»? Es un tema que está sobre la mesa. En efecto, hay un impacto esperanzador. Contra lo que las autoridades creyeron las primeras semanas, que era un suceso más, hemos sido sorprendidos por la virulencia de la reacción, no solo de los padres de los chicos, sino de una buena parte de la opinión pública mexicana, que ha decidido que esto es una cota para decir «basta». Pero es imposible predecir qué pasará, quiero pensar que derivará en algo positivo. ¿Viviremos para ver la legalización de las drogas, como pidieron en su día García Márquez, Carlos Fuentes y otros autores, incluso ex jefes de Estado? A lo mejor tú sí, yo no estoy seguro. No es algo que vaya a resolverse a corto plazo. Para México es difícil tomar una medida unilateral sin el consenso de Estados Unidos, nuestro mercado de consumo, que vive un proceso de derechización, según todos los indicios, muy poco favorable a ese propósito.

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