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Cultura

«Marga no era depresiva: tenía un sentido trágico de la vida»

Ve la luz la segunda edición del libro con los textos de la artista que se suicidó por Juan Ramón Jiménez

el 02 mar 2015 / 13:00 h.

  «Pues me ha dicho... que no... que nunca... perdóname... porque si me hubiera dicho que sí... ¡ay!». Son palabras de Marga Gil Roësset a Zenobia, en una carta donde explica su determinación de matarse por no ver correspondido su amor por Juan Ramón Jiménez. Lo hizo en 1932, a los 24 años: 27 menos que él. Este y otros textos, incluyendo su diario, componen el volumen Marga, edición del propio Nobel onubense que ha publicado la Fundación Lara con notable éxito: en menos de un mes ya ha visto la luz la segunda edición. «Es un paso adelante para los que reivindicamos a Marga, su vida y su obra», afirma Marga Clark, sobrina de la artista. «Este libro la muestra en toda su armonía y complejidad, con sus luces y sus sombras. Y es un modo de entrar por segunda vez en casa del poeta», añade. Carmen Hernández-Pinzón, representante de los herederos de Juan Ramón, todavía recuerda cuando su padre, Francisco, sobrino del escritor, puso en sus manos la «carpeta amarilla» que contenía todos los documentos relativos a Marga. «Me quedé impresionada, ¡cómo se podía tener silenciada a una persona de esa categoría! Lo que había era tan hermoso que tenía que verlo todo el mundo». El motivo de ese silencio parece claro: tanto para el matrimonio Zenobia-Juan Ramón como para la familia de Marga, aquel suicidio fue traumático. Aunque la joven había avisado de sus intenciones, «creyeron que era una forma de llamar la atención», dice su sobrina, quien niega que su tía fuera depresiva. «Sí era un ser muy especial, tenía un sentido trágico de la vida en grado sumo. Pero también fue autodidacta, transgresora, adelantada a su tiempo», añade. En efecto, una exposición celebrada en el Círculo de Bellas Artes en 2000, comisariada por Ana Serrano, reveló la calidad de la producción artística de Marga más allá de su vínculo con el Nobel. Basta ver las ilustraciones que hizo para el libro Canciones de niños de Juan Ramón, o las de Rose des Bois de su hermana Consuelo, para comprobarlo. Al parecer, Zenobia conoció a Consuelo tras un concierto, y se quedó impresionada por su belleza. Quiso conocer también a su hermana, ya que ambas eran lectoras de Tagore y admiradoras de Zenobia, y ésta además había quedado deslumbrada con los dibujos de Marga. «Zenobia veía a todas las jovencitas que querían conocer a Juan Ramón, y cuando se aseguraba de que no había peligro, entonces se las presentaba», explica Carmen Hernández-Pinzón. Aunque ya lo admiraba, Marga se fue enamorando del poeta. Sus diarios levantan acta de los ocho últimos meses de su vida, desde noviembre de 1931 a julio de 1932. «Bastó ese tiempo para enamorarse e inmolarse. No podía vivir con él, ni sin él. Fue un amor platónico, inalcanzable», asegura Marga Clark, quien escribió una novela inspirada en la vida de su tía, Amarga Luz. Tanto Carmen Hernández-Pinzón como Marga Clark señalan el look un tanto andrógino de Marga, que no hacía sino más llamativa su belleza. Tal vez este rescate suponga una nueva oportunidad para aproximarse a su personalidad y a su precoz y malogrado talento.

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