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Cultura

Mempo Giardinelli: "La historia de los pueblos está llena de sujetos abominables"

Vicente Aranda acaba de llevar al cine su novela Luna caliente.

el 02 mar 2010 / 18:37 h.

Mempo Giardinelli.

–La relación de los escritores con sus obras más exitosas no siempre es fácil. ¿Cómo ha sido la suya con ‘Luna caliente’ durante estos 30 años? ¿Idilio o desavenencia?


–Ni lo uno ni lo otro. Ya van tres películas basadas en este libro y ninguna me cambió la vida. Yo soy escritor, no crítico de cine. En todo caso lo que a mí lo que me sorprende es que después tantos años los jóvenes siguen leyendo, buscando y recomendando esta novela. Ya son por lo menos tres generaciones, y en muy diferentes lenguas y culturas, que se aficionan a ella. Es un fenómeno rarísimo, inesperado, y más me llama la atención porque yo creo que he escrito otras novelas mejores. Pero así es la Literatura. La novela sigue vendiéndose en todo el mundo y nuevos lectores la descubren como si yo la hubiese escrito ayer. Eso sí que me deja perplejo.


–Trasladar la acción del escenario argentino original a la España del 70, como hace Vicente Aranda, ¿traiciona el texto original, o por el contrario es un signo de salud el hecho de brindar múltiples lecturas?


–No traiciona nada y me parece estupendo. Y menos traiciona un estilo de trabajo y una trayectoria como la de Vicente Aranda, que es mucho más respetado en todo el mundo que en España. La versión española que él ha plasmado está muy bien. La vi esta semana, porque él tuvo la gentileza de enviármela por correo, y me pareció muy bien hecha. Creo que los papeles protagónicos son convincentes y la hermana me pareció logradísima. Es una adaptación bastante fiel a la novela, en los diálogos y en lo sustancial, más allá de la traslación del Chaco a Burgos. Que es como decir del calor tropical del llano al frío de la montaña.


–Se ha hablado mucho del binomio sexo-muerte de la novela, pero no tanto del miedo, que empuja al protagonista a la violencia y la huida. ¿Qué papel juega el miedo en la Luna caliente? ¿Y en la historia de los pueblos?


–Habría que ver de qué miedo hablamos, pero yo diría que mi personaje Ramiro (Juan en el filme) es un sujeto abominable, de casi nulos valores, acomodaticio y en esencia un cobarde. Por eso se despeña y acaba siendo un violador y un asesino. La historia de todos los pueblos está plagada de sujetos así; incluso muchos llegan al poder y algunos hasta son respetados. Lo que habla más de la estupidez de mucha gente que del funcionamiento del miedo.


–Prácticamente todos los personajes abusan de su poder, casi todos están corrompidos. ¿Por qué cree que se percibe tan bien este hecho en la ficción, y sin embargo es tan difícil erradicarlo cuando sucede en la realidad?


–Son dos cosas distintas, percibir y erradicar. Mi percepción cuando escribí esta novela, a fines de los 70, era la que usted describe: abuso del poder, corrupción, violencia. Eso era la dictadura. En cambio la erradicación es una ardua, lenta labor que se debe realizar en democracia. Y en eso estamos, tanto en Argentina como en España y muchos otros países.


–“Todo el país estaba caliente ese diciembre del 77”, escribe usted. ¿Es eso una dictadura, un calentón del que no parece posible salir sin pagar un alto precio moral?


–No, es mucho más que eso y precisamente es lo que quise hacer en mi novela: la metáfora de una dictadura por vía de la tragedia. Yo necesité desesperadamente plasmar la tragedia de mi país, y de mi generación, en una novela que fuese breve, intensa, rotunda, conmocionante. Por eso la muchachita, Araceli [en el filme Ramona] simboliza a la Argentina y la representa en su tragedia personal. Igual que la Argentina, ella es femenina, joven, bella, atractiva, deseable. E igual que la Argentina, ella es violada, corrompida, asesinada varias veces… Y no consiguen matarla.


–Roberto Denis llevó la novela al cine en 1984, al parecer con un resultado desastroso. ¿Qué espera de esta nueva versión de Vicente Aranda?


–Que tenga mucho éxito. Creo que Aranda lo merece y también mi novela, sobre todo porque la versión argentina de hace un cuarto de siglo fue tan mala que tuvo el fracaso asegurado desde el primer día. Luego hubo otra versión muy digna: una teleserie que dirigió Jorge Furtado y que sólo se vio en Brasil y en portugués. Por eso ésta es la buena.


–¿Intervino de algún modo en el guión, o hizo alguna petición expresa al director?


–No, en absoluto. Y tampoco esperé nada. Aranda me mandó a decir que él tenía entre manos una gran novela, y yo le mandé a decir que me alegraba mucho que estuviera en manos de un gran director.


–Alguna vez he leído que para usted lo mejor de su producción son sus cuentos. ¿Cuándo podremos leerlos en España, ahora que el género parece vivir un nuevo auge?


–Cuando consiga un editor que se interese genuinamente. Tengo una vasta obra cuentística, e incluso un ensayo sobre el género que se publicó ya en España, donde sin embargo es verdad que casi no se conocen mis cuentos. Pero así ha sido siempre mi relación con este género: azarosa, inesperada. Es el género literario que más me gusta, el que más quiero.

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