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Míchel, Del Nido y la bañera de espuma

El futuro del técnico queda tocado tras la derrota ante el Betis. Ahora, el presidente y Monchi deben decidir si hay plantilla para más y firman a otro entrenador o le dan el próximo proyecto.

el 02 may 2012 / 22:41 h.

Jesús Navas y Babá, desolados.

Sé lo que me juego y sé lo que se juega mi equipo, pero por encima de los entrenadores están los clubes. Mis posibilidades pasan por que el Sevilla esté bien". Así habló Míchel en vísperas del derbi. Palabras que perfectamente podrían escribirse en su epitafio como entrenador del Sevilla tras perder ante el Betis y decir prácticamente adiós a la posibilidad de disputar competición continental.

Míchel también dejó otra frase: "Vivo en la presión mejor que en una bañera llena de espuma". Y no le faltaba razón. Cuando llegó al Sevilla cogió un equipo roto, desconocido, absolutamente perdido y al que sólo le quedaba la Liga como única fuente de satisfacción. Poco a poco, el madrileño insufló oxígeno, cambió la cara a los jugadores, a los aficionados, al presidente... Lo hizo con victorias, con buen manejo del vestuario, aplicando mano dura cuando era necesaria y lanzando elogios cuando los jugadores se lo habían ganado.

Pese a fiascos como los vividos en El Molinón, San Mamés o el Coliseum, Míchel ha tenido siempre el respaldo de la mayor parte del sevillismo. Ha sabido ganárselo. Entre otras cosas, porque ha tenido y tiene tacto. La afición no es tonta. Sabe que no hay más cera que la que arde, que muchos futbolistas han estado por debajo de las expectativas y que otros muchos no tienen calidad para marcar diferencias y ayudar a luchar por una plaza en la Liga de Campeones.

Del Nido y Monchi también lo saben, pero, al igual que ocurre en el caso de Míchel, no piensan salir públicamente a decir que no hay mimbres para más. Ninguno de ellos niega la evidencia en círculos cercanos. Ahora, tendrán que apechugar y asumir su responsabilidad en la confección de la plantilla. Y además, tomar una decisión clave: decidir quién será el entrenador.

Joaquín Caparrós tiene las puertas del Sevilla más abiertas que nunca. Nadie duda de su valía. Pero... ¿no vale Míchel? ¿O quizá el problema es, sencillamente, que no hay calidad para pelear por un puesto de Champions? Míchel puede tener los días contados. En el último mes, su crédito ha resultado muy dañado. La bañera llena de espuma tiene ahora una fuga importante. La cuestión es saber si se debe a que Del Nido le ha quitado el tapón de la confianza o a que esa bañera estaba destinada al fracaso, fuese quien fuese la persona se metiera en ella.

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