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Milisavljevic debe ser Jordan

Sonrisas cómplices entre los pocos representantes de la prensa sevillana que asistían tras el partido a la rueda de entrenadores. Jaume Ponsarnau quiso dejar al final de su comparecencia un comentario compasivo con la situación del equipo que acababa de poner un pasito más cerca del descenso.

el 15 sep 2009 / 21:20 h.

Sonrisas cómplices entre los pocos representantes de la prensa sevillana que asistían tras el partido a la rueda de entrenadores. Jaume Ponsarnau quiso dejar al final de su comparecencia un comentario compasivo con la situación del equipo que acababa de poner un pasito más cerca del descenso. Dijo algo así como que el Cajasol, si sigue en esta línea, superará el difícil trance. En esta misma línea lleva 17 partidos, y en esta misma línea nadie podrá evitar que acabe con sus huesos en la Liga LEB. Los avances, charlotadas de la Eurochallenge al margen, no se perciben, y si cabe, como confirmó a posteriori Pedro Martínez, hay pasos hacia atrás porque la interminable lista de derrotas ha aniquilado la confianza de los jugadores, que empiezan a dar señales de que en mente ya tienen que la situación empieza a ser del todo irreversible.

Por increíble que parezca, muchas, muchísimas de las esperanzas de reacción se centran ahora en la llegada del nuevo fichaje, el base serbio Branko Milisavljevic, que deberá ser algo así como la reencarnación de Michael Jordan para reactivar a un grupo de zombies. El Cajasol lucha, pero no juega a nada, no es un equipo de baloncesto. Entre varios jugadores improvisan el papel de base, los aleros son muy improductivos, nunca tienen un peso específico en el juego de ataque, los pívots ofrecen muchas lagunas...es que realmente este Cajasol no sólo tiene muchísimos puntos débiles, es que no se le reconoce algún punto fuerte en el que apoyarse.

Así, ayer volvió a estar una vez más a merced del rival, un Ricoh Manresa que hurgó en varios de los descosidos cajistas. Por un lado exhibió una pareja de bases muy complementaria que siempre manejó con acierto la situación. El Caja, repito, improvisa el papel del director de juego, y ese es un hándicap enorme. Javi Rodríguez se hartó de dar asistencias (11) y en el tramo final fabricó tres jugadas calcadas de penetración y pase doblado a su pívot Josh Asselin que ejecutaron el partido.

Pero su sustituto, Rodrigo San Miguel, no tuvo un papel menos destacado, aunque en este caso con su acierto en el tiro, especialmente en el triple, que sirvió para dar una ventaja seria a los catalanes (24-35) que lógicamente acusó sobremanera el Cajasol, que empezó a sentirse inferior.

La última y no menos trascendente clave está en el rendimiento de una y otra rotación, porque el Ricoh logró mayor dominio y asentar sus ventajas con San Miguel, el espectacular y jovencísimo pívot congoleño Serge Ibaka (19 años), de un futuro increíble, y sobre todo, con Jordi Grimau, un sostén desde el perímetro con sus puntos, que repartió por igual en la primera y en la segunda mitad para un total de 18.

Frente a ese escenario, que en cualquier caso es de lo más habitual en una liga como la ACB, un equipo plano -salvo la heroica, a veces confundida con locura, de Pecile- donde la rotación no reactiva nada -salvo fogonazos de Ignerski-, que no ha bajado los brazos aparentemente porque se esfuerzan, aunque la sensación es que sí hay una bajada de brazos psicológica. Y eso es mucho más difícil de recuperar.

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