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Mirlo, una calle demasiado acostumbrada a la sangre

En esta vía, un joven mató a su novia de un disparo. La última víctima de género tenía allí una tienda.

el 30 abr 2010 / 19:49 h.

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La calle Mirlo se ha convertido, tristemente, en una de las más conocidas del barrio de Los Pajaritos. El de ayer no fue el único crimen en una vía en la que sus vecinos se han acostumbrado a convivir con la tragedia.

En diciembre de 2005, la calle se tiñó de sangre cuando Enrique Ramírez mató a su novia, Susana Vega, de un disparo en la cabeza. El joven aseguró que había sido un accidente cuando estaba limpiando la pistola. Sin embargo, primero la Audiencia Provincial y luego el Tribunal Supremo, le condenaron a más de 20 años de prisión por un delito de asesinato.

El brutal crimen ocurría a sólo escasos metros de donde ayer se volvía a repetir la tragedia. Pero no es el único. Da la casualidad que en el número 39 de la calle Mirlo, sólo dos edificios más allá del 33, Cristina Maestre, la última víctima de la violencia de género en Sevilla, tenía una tienda de comestibles.

Ayer, todos los vecinos se acordaban de ella. "Fíjate, en esa esquina tenía su tienda, que se la puso su padre para que pudiera sacar a su familia adelante", recordaba una vecina mientras otra señala a su lado: "Y ahí se ponía a jugar con sus dos niños. Qué pena, con lo linda que era". Las dos recuerdan cómo la joven ayudaba a sus vecinos: "No daba para vicios, pero sí daba pan y huevos a los que no tenían para comer".

Ella no fue asesinada allí, sino en su casa, en la calle Cigüeña, pero todos la conocían por su negocio. Cristina falleció el 11 de febrero de 2009 apuñalada por su marido, que luego intentó suicidarse sin éxito.

El último crimen ocurrido en Los Pajaritos fue en la calle Gorrión, donde desemboca Mirlo. Allí un joven mató a su padre a puñaladas tras discutir con él. La víctima era el propietario del bar Ruiseñor y en un principio todos pensaban que se trataba de un robo. "En este barrio hay que hacer algo, es una pena que se nos conozca por estos crímenes", se lamenta una vecina.

El barrio, consternado por la muerte

Aunque el crimen ocurrió al filo de la medianoche del jueves, la noticia se conoció a primera hora de ayer. Al poco, la calle Mirlo se convirtió en un punto obligado para los curiosos, especialmente atraídos por la presencia de cámaras y medios de comunicación.

En un principio, nadie quería contar nada. "Yo no sé nada, sólo vengo a esta frutería [situada justo frente a unas ventanas de la casa] a por naranjas", decía una señora. Todos se mostraban consternados por lo que había ocurrido y muchos temían ser reconocidos y sufrir algún tipo de represalia. Pero, poco a poco, y ante la masiva llegada de medios, los vecinos fueron relatando lo que conocían de la familia y sus conflictos, así como lo que habían oído la noche del suceso.

Hubo hasta quienes se lanzaron a entrar en un programa de radio en directo, mientras sus amigas las escuchaban en el coche. "Ha quedado bien, bien, qué voz más bonita", le decía, casi olvidando el trágico motivo por el que tanto medio de comunicación andaba por allí.

Sin embargo, la mayoría lamentaba que el barrio de Los Pajaritos salga en los periódicos y en la televisión "por los crímenes y no por otras cosas". Por eso pedían más medidas de seguridad y una verdadera actuación municipal en Los Pajaritos. "No sé dónde vamos a llegar si no ponen medios".

 

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