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Mundo escolar, mundo social

Si nos atuviéramos sólo a los clichés, tendríamos que acabar creyendo que el mundo (o Sevilla, o cualquier pueblo) eran enclaves con compartimentos estancos, como los submarinos: la casa, la escuela, el autobús?

el 15 sep 2009 / 05:34 h.

Si nos atuviéramos sólo a los clichés, tendríamos que acabar creyendo que el mundo (o Sevilla, o cualquier pueblo) eran enclaves con compartimentos estancos, como los submarinos: la casa, la escuela, el autobús? Pero eso no es verdad porque lo único que existe en realidad es la vida, formada por personas que viven y se comunican entre ellas y aquí si es, de verdad, cuando entra de nuevo en la cuestión el mundo, ése que en todas partes se despierta cada mañana conforme le va dando el sol. En la hora en que me toca, bajo cada día del Aljarafe a Sevilla en un autobús lleno de inmigrantes y de gente adulta trabajadora. Y a esa hora el autobús -el mundo- es educado.

A mediodía, el mundo -el autobús- ha cambiado: los inmigrantes son ahora los trabajadores de sol a sol que éramos nosotros hace no tanto tiempo. Lo llenan jóvenes en edad escolar que vienen de sus centros; toman, poniendo encima los pies, los dos asientos de su fila, cuentan a gritos conversaciones que debieran ser íntimas, golpean los cristales si ven a un amigo en la calle?, no tienen urbanidad, o sea, civilización. No sé si en su escuela les habrán hablado alguna vez de todo esto, pero en su casa, probablemente, no; no sé qué harán en su casa pero, seguramente, algo parecido: ellas y ellos son hoy reyes del mundo, del autobús y de su casa. Los reyes de su casa en el peor sentido del mundo: el de mañana.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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