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Salud

Muro a la tuberculosis

Unos profesionales del Virgen Macarena idean un programa individualizado de seguimiento de los enfermos que logra cotas de éficacia del 95%, 20 puntos más que hace sólo dos años.

el 16 jun 2014 / 23:46 h.

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Si uno oye la palabra tuberculosis, le suena a enfermedad añeja, extinguida hace años. Y, de subsistir, es en los países en desarrollo, donde aún no cuentan con técnicas avanzadas como para atajar una enfermedad que, recordemos, es contagiosa. Sin embargo, la tuberculosis está presente en los países desarrollados y, en concreto, en España, que hasta hace diez años «tenía tasas similares a la del Norte de África», según explica Ángel Domínguez, de la Unidad de Gestión Clínica de Enfermedades Infecciosas, Microbiología y Medicina Preventiva, que trata a un centenar de pacientes en el Virgen Macarena. La población, principalmente en situación vulnerable como personas sin hogar o inmigrantes, estaba identificada, pero el problema es que no todos terminaban con un tratamiento que es largo en el tiempo –de 6 a 9 meses–. Uno de cada cuatro pacientes dejaba el tratamiento, lo que implicaba un doble problema: primero a su salud, y segundo a la de su entorno, ya que podía seguir contagiando. Por eso, y de motu propio –sin ayuda de la administración–, junto a Santiago Sandoval y María Núñez, de la UGC de Farmacia, y la trabajadora social María del Mar Cala, pusieron en marcha un Programa de Adherencia y Control de la Tuberculosis (Pactto), que ha obtenido resultados en sólo dos años. Del 75 por ciento de pacientes que terminaban el tratamiento se ha alcanzado un grado de eficacia del 95 por ciento, que en medicina es ya la excelencia. 15844671La idea parte de hacer un trabajo coordinado y cercano al paciente. Así, tras ser diagnosticado y tratado en el hospital, llega la parte de Trabajo Social y Farmacia. El primero se encarga de conseguir un historial que permita saber dónde vive, qué familiares tiene para poder controlar su tratamiento o, de vivir en un albergue, tener un contacto de la persona o tutor. Todo para saber en todo momento cómo va evolucionando y, en caso de faltar en alguna cita, saber dónde localizarlo. La labor del farmacéutico es complementaria: sabedor del historial de cada paciente de tuberculosis y, previa charla con él, se le hace entrega de un kit de medicación. Este puede tener medicamentos para un mes, o para una semana en función de lo que el paciente –y su médico– crean que es más conveniente para que no deje el tratamiento. «Hay un paciente que pide el medicamento a diario porque asegura que si no lo hace, así no aguantaría el tratamiento», confiesa Domínguez. Si faltan a su cita, es cuando se recurre a la llamada telefónica. «El objetivo es no dar por perdido nunca al paciente», reivindica Sandoval, que ve que, con ese procedimiento, los pacientes no lo tratan como un profesional sanitario más, sino como un amigo que le está ayudando. Los resultados se notan. Incluso tienen en su balance el caso de pacientes que llevaban hasta 10 años sin tratarse la tuberculosis que ahora «se encuentran mucho mejor». Tras los buenos resultados recabados estos dos años, este equipo está dispuesto a exportar este modelo que se aplica, en un formato similar, en Barcelona, Almería y Valencia, según le consta. Cree que ese es el camino para rebajar la tasa de tuberculosis en España. La tasa se sitúa actualmente en 17 de cada 100.000 habitantes, mejor que los países de África, pero aún lejos de los países nórdicos y centroeuropeos, donde la tasa ronda los 6 o 7 casos por cada 100.000 personas.

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