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Cultura

Música de cámara con planteamiento sinfónico

FEMÁS 2015 *** / 32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. La Tempestad. Silvia Márquez, dirección. Eric Hoeprich, clarinete. Programa: Obertura de Don Giovanni, Quinteto para clarinete y Sinfonía Júpiter de Mozart. Sala Joaquín Turina, viernes 13 de marzo de 2015

el 14 mar 2015 / 18:01 h.

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Mozart dedicó sus dos sublimes piezas para clarinete, el Quinteto y el Concierto, al virtuoso Anton Stadler, para quien concibió largas melodías de estilo arioso. Precisamente uno de los conjuntos fundados por el clarinetista y lutier norteamericano Eric Hoeprich es el Trío Stadler, integrado por clarinetes tenores di bassetto, que tras mucho tiempo en desuso hoy disfrutan de una nueva vida gracias a la interpretación revisionista, y con uno de los cuales acudió a esta cita ineludible con el público del Femás. Considerado una autoridad en la interpretación históricamente informada, su colaboración con La Tempestad ofrecía además el aliciente de incluir otras obras mozartianas de corte sinfónico reducidas a arreglos camerísticos y ofrecidas con un planteamiento de concierto de abono sinfónico, introducido por una obertura, seguido de obra con solista y concluido en su segunda parte con una sinfonía. De Hoeprich obtuvimos lo esperable, un control absoluto del instrumento, de la respiración y de la ornamentación, sin excesos ni aspavientos, con la sencillez y la facilidad que sólo logran los grandes. Mantuvo un tono conmovedor y una indiscutible musicalidad a lo largo de todos los registros del instrumento, arropado en el Quinteto por una cuerda alegre y despreocupada pero sin el empaste necesario; incluso acusó desequilibrio en los pasajes dialogados con un primer violín, Cibrán Sierra, demasiado temperamental y volcado en mantener en todo momento un lirismo exacerbado. En la propina el siempre agradecido andante del Concierto para clarinete sonó lírico y ensoñador. No cabe duda de que Márquez dirigió al conjunto, pero su gesto era más de control que de dirección, lo que hizo innecesaria su colocación de espaldas al público, incidiendo en un fortepiano prácticamente inaudible. Atravesado frente al conjunto, como es habitual, hubiera cumplido mejor su cometido. El arreglo de Joseph Küffner de la Obertura de Don Giovanni sonó endeble en la introducción y briosa en el desarrollo, mientras la adaptación de la propia Márquez y Antonio Clares de la Sinfonía nº 41, incluida en el trabajo Mozart infrecuente del grupo, fue todo un acierto, captando todos los matices y estados de ánimo de la pieza, sin prescindir de su expresividad y musculatura gracias a un excelente trabajo de la cuerda grave. Las maderas quedaron reducidas a la flauta de Guillermo Peñalver, curiosamente un instrumento que Mozart apreciaba poco pero que obtuvo del músico de la Barroca un resultado exquisito y muy adecuado.

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