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Cultura

Música servida con cariño y pasión

MAUS 2015 ** Ciclo de Música Antigua de la Universidad de Sevilla. Irving Ensemble: Cristina Bayón e Iman Kandoussi, canto. Aníbal Soriano, laúd y guitarra romántica. Juan Manuel Rubio, santur y baglama. Leonardo Luckert, violoncello. Álvaro Garrido, percusión. Programa: Las músicas de un sueño. Capilla de la Universidad, viernes 20 de febrero de 2015.

el 21 feb 2015 / 13:29 h.

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Álvaro Garrido culminó el octavo ciclo de música antigua que coordina junto al Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla con un programa de su propio conjunto Irving Ensemble. Con el gran hispanista nortemericano Washington Irving como eje de la formación y de la selección musical ofrecida, más un pretexto en sí mismo que una auténtica referencia para amalgamar estéticas y tendencias, la cita deparó un considerable placer para los sentidos, desde el cariño y el apasionamiento que músicos y cantantes supieron desplegar frente a una numerosa y agradecida concurrencia. Una aproximación entre oriente y occidente más fictia que real, sin pretensiones ni ánimo revisionista ni reconstructivo; se trató simplemente, haciendo gala de ese espíritu soñador que dio título a la propuesta, de imaginar la combinación y la alianza entre esos dos mundos próximos y a la vez tan separados por la Historia. Así las voces étnica de Kandoussi y de mimbres barrocos de Bayón se combinaron a veces con fortuna (Ay ques si, ay que no), otras no tanto (Las mujeres y las cuerdas de Fernando Sor), mientras la cuerda percutida del santur, uno de los muchos instrumentos étnicos que domina Juanma Rubio, de sonido parecido al de una cítara, añadió sensualidad y exotismo al espléndido oficio de Luckert al violonchelo en piezas como Che si puo fare de Barbara Strozzi. Cristina Bayón se excedió en temperamento ya desde el inicio del concierto con Quel sguardo sdegnosetto de Monteverdi, donde sus agilidades vocales contaron con la complicidad de alguna pequeña espectadora, que supo conectar perfectamente con su espíritu bromista. Por ponerle alguna falta, Bayón debería mejorar en dicción. Kandoussi por su parte convenció más en canciones arábigas que en un estridente castellano. Los recurrentes Canarios de Sanz y La música nocturna de Madrid de Boccherini sonaron con vocación eminentemente folk merced al tañer vitalista de Soriano; y Garrido añadió a una percusión precisa y elegante un solo de atlética exhibición en una pieza tradicional sefardí casi para rematar la experiencia.

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