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"No sé ni cómo lo hice para aguantar los nervios, apliqué el sentido cómun"

Samuel, el policía del aeropuerto que trajo a la pequeña Sara al mundo, y José Antonio, el padre de la criatura rememoraron hoy lo sucedido. José Antonio le llama su "ángel" y reconoce que "se encargó de todo porque yo era un flan"

el 27 jun 2013 / 20:25 h.

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Sara, sobre el vientre de su madre. Foto: Policía Sara, sobre el vientre de su madre. Foto: Policía 24 horas después del nacimiento de Sara, el improvisado matrón que asistió a su madre en el parto en el aparcamiento del aeropuerto, el policía Samuel Herrojo -al que sus compañeros ya han puesto el mote de Samur- reconoció que "todavía no me lo creo". Junto al padre de la criatura, José Antonio Puentes, rememoraron los minutos de tensión que ambos pasaron ayer hasta que la pequeña Sara, la tercera hija de José Antonio y su mujer María, vino al mundo. María cumplió el lunes y cuando ayer José Antonio se levantó a las cinco de la mañana para irse a trabajar su mujer le dijo que no saliera porque tenía contracciones de parto. "Nos fuimos al hospital Macarena sobre las seis pero nos dijeron que todavía no estaba y nos mandaron para casa", explicó. Sin embargo, el proceso siguió adelante y al ver a su mujer sangrar "nos asustamos" y decidieron volver al hospital pero por el camino "me decía que no llegaba, me asusté y llamé al 112". Los servicios de emergencias le indicaron que parase en el aeropuerto -la familia vive en una urbanización cercana- y esperaran allí a la ambulancia pero en el aparcamiento del tunel de llegadas José Antonio econtró a su "ángel": el agente Samuel Herrojo, al que reconoció como su antiguo amigo de pandilla del barrio de Miraflores y al que no veía desde hacía unos años cuando coincidieron en la boda de un primo de José Antonio. "Él se encargó de todo porque yo era un flan. Lo único que supe hacer es sacar a mis otros dos niños del coche", relató. José Antonio, de 4 años, y María, de año y medio, iban en el asiento trasero junto al abuelo paterno, todos muy nerviosos hasta el punto de que José Antonio reconoce que llegó a temer que a su padre le "diera algo, porque tiene problemas de tensión". Nada más ver aproximarse el vehículo a gran velocidad, Samuel, escuchó los gritos de José Antonio pidiendo "ayuda, mi mujer está de parto". Cuando se acercó ambos se reconocieron y aunque el primer pensamiento de Samuel fue acercar a la parturienta al puesto médico de San Pablo, "al ver que la niña tenía ya la cabeza fuera apliqué el sentido común". "Ella me decía que tenía dolores muy grandes, pedí que desalojaran el coche para tener más espacio e intenté tranquilizar a José Antonio que venía en un estado de nervios importante. No sé ni cómo lo hice para aguantar los nervios pero aguanté la contracción para que no sufriera un desgarro y aproveché la siguiente para sacar a la niña, dándole una vuelta porque venía con el cordón enredado y mientras la sacaba le desenredé la otra vuelta", relató el agente. Aunque Samuel también llamó al 061 que por teléfono le daba indicaciones "yo ni lo oía, porque tenía el teléfono en el hombro, pero sí escuche que me decían que le limpiara las vías respiratorias para que no tragara nada y viendo que no reaccionaba le di un pequeño masaje en la espalda y ya rompió a llorar", explicó el policía, que ingresó en 2006 en el Cuerpo y carece de formación sanitaria. Su experiencia en partos se limita a haber asistido a los de sus hijos pero "ahí no se aprende nada porque estás pendiente de tu mujer". Aunque la pequeña Sara ya estaba sana y salva, la madre no la oía y solo decía "mi niña no llora" pero Samuel la tranquilizó al arroparla con un jersey del padre y una mantita y ponérsela encima. "Y ahí acabó la película", dijo Samuel, que reconoció que fue entonces cuando todo acabó, cuando el aplomo demostrado durante esos momentos de estrés se difuminó y "el cuerpo se viene abajo y te entran ganas de llorar". La emoción también le embargó esta mañana mientras recreaba lo sucedido y reconoció la "satisfacción" y "alegría" que supone saber que has ayudado a traer a una persona al mundo. Terminado su servicio fue a visitar a la madre y a la recién nacida al hospital, donde fueron trasladadas cuando llegó la ambulancia. "Fue muy emotivo porque había familiares y todos me dieron las gracias y los médicos del 061 me dijeron que le había salvado la vida a la niña", dijo. Anoche no logró conciliar el sueño. José Antonio solo tiene palabras de agradecimiento para Samuel, al que le dio un abrazo cuando todo concluyó que esta mañana repitió ante las cámaras gustoso y le dejó claro que "al bautizo está invitado" y no le puso su nombre "porque es niña y Samuela no queda muy bien".    

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