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Deportes

Ni rastro del espíritu del 15-J

El desconocimiento futbolístico de los que gobiernan, la falta de un líder en el palco, en el campo y en el banquillo provocan una crispación en el beticismo que tiene el epicentro en el club.

el 05 nov 2014 / 09:46 h.

BETIS  14-15 En la imagen, el actual presidente del Betis, Domínguez Platas. Foto: Manuel Gómez. La crisis deportiva del Betis no es más que el reflejo de la crisis institucional por la que atraviesa una entidad que está perdiendo lo más importante de un club, la esencia. La sensación de hastío del aficionado bético es tal que éste no sabe adónde mirar. La falta de un líder, de una cabeza visible tanto en el palco, como en el banquillo y en el terreno de juego, está provocando una sensación tan grande de crispación e histerismo cuyo epicentro está en la planta noble del Benito Villamarín, desde donde se siguen tomando decisiones en donde no prima el sentido común. Desconocimiento futbolístico La figura de Julio Velázquez es una víctima más del caos en el que vive el Betis, pues el problema va más allá de la figura del actual entrenador. El inconveniente radica en la falta de desconocimiento futbolístico de los dirigentes –de lo contrario, ni el actual entrenador ni muchos de los actuales jugadores ni otras figuras de la dirección deportiva estarían en el Betis–, que a la vez está provocando un efecto demoledor en jugadores en mitos de la historia bética, como son los casos de Rafael Gordillo, Gabriel Humberto Calderón o Alexis, figuras muy desgastadas de cara a una afición asqueada. La gran prueba de este desconocimiento se vio la temporada pasada en la toma continua de decisiones erróneas, empezando por la destitución de Mel y pasando por Garrido, Calderón... Y así, un sinfín de ejemplos que han llevado al Betis a una caída libre y sin freno. La judialización La principal conclusión es que no queda rastro ya del espíritu del 15-J. Las medidas cautelares, que en su momento sirvieron para derrocar a Manuel Ruiz de Lopera, están provocando un efecto contrario, y la prueba es que las plataformas –sólo PNB se muestra verdaderamente crítica con el actual consejo– ya no van de la mano y el empresario de El Fontanal y su entorno intentan aprovechar tal debilidad para volver al poder. Urge un consenso por el bien del Betis. Hasta la figura de la antes alabada juez Alaya está ya quemando a una afición que no soporta más el surrealismo en el que está inmerso el club. Ahora, ante la Junta del 9 de diciembre, las cartas están encima de la mesa y Francisco Estepa –el mismo que alabó la gestión de Bosch en la última Junta y ni sabrá quiénes son Timimi y Unamuno–, sigue buscando un nuevo presidente dentro de un reformado consejo. El pensamiento común O estás conmigo, o contra mí. Ésta idea estuvo muy presente en la época de Lopera, pero aún está en el club. La falta de autocrítica de los que gobiernan, apoyados por cierta parte de la crítica, sólo hace más daño a una entidad y un equipo que está a los mismos puntos del ascenso directo que del descenso. El Betis, la víctima Otro problema de fondo, y el más importante, está en el hecho de mirar por los intereses personales antes que por los del club. A lo largo de la historia del Betis, muy pocos presidentes lo han hecho y ahora sigue pasando lo mismo. Los culpables del descenso de los 25 puntos siguen tomando decisiones en un club sin aroma a Betis que deambula por Segunda División camino del abismo.

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