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«No hay que adelgazar el Estado, sino aligerarlo de tanta burocracia»

Abogado y expresidente de la Junta entre una multitud de cargos, José Rodríguez de la Borbolla entiende que los ataques a las comunidades autónomas parten de quienes no comprenden que éstas son ya protagonistas políticos de primer orden: «La Constitución las parió y tienen que ser tratadas por igual»

el 05 feb 2011 / 19:54 h.

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Borbolla, en su despacho de Nervión.

Es conocida la pasión futbolera de José Rodríguez de la Borbolla (Sevilla, 1947), así que a pocos les extrañará que algunos de los recuerdos más preciados que atesora en su despacho sean viejas fotos en blanco y negro en las que se le ve formando alineación en calzón corto con ‘futbolistas' que luego formaron parte de la historia reciente de España (Felipe González) y de Andalucía (Manuel Chaves). Presidente de la Junta entre 1984 y 1990, su dilatada trayectoria no cabe en un par de folios. Ahora dedica casi todo su tiempo a su bufete de abogados, instalado en una séptima planta de Nervión, pero no pierde rastro de la marejada montada en torno a unas autonomías que se conoce bien por dentro.

-Este cuestionamiento autonómico parece una gota malaya. Es un dale que te pego continuo. ¿De dónde parte?

-Pues de una parte, de determinadas actitudes de algunos nacionalistas catalanes; de otra, de parte de la derecha y muy destacadamente de Aznar, que es un incendiario, un señor pasado de rosca dispuesto a tirar sobre el tejado de su propio país con tal de salir en los periódicos, y, en tercer lugar, de esas élites dirigentes madrileñas que no entienden que Madrid ya no es lo que era.

-¿Y quiénes son esas élites?
-Pues empresarios, servidores públicos, grupos mediáticos, etcétera, que almuerzan en los mismos sitios, van a los mismos palcos de los campos de fútbol y a los mismos saraos e inauguraciones. No es una cuestión de centralismo sino de atavismo político. El poder es una pirámide y ellos no entienden que ya no están en la cúspide.
-Y que ese poder tiene que ser compartido.
-Hay gente a la que le gusta mandar y que no sabe dirigir. Mandar se manda en el ejército y en las prisiones, pero en democracia lo que hay que hacer es dirigir, hablar con mucha gente muchas veces y acordar cosas, pactar. Pues bien, algunos no han entendido esto último ni se han dado cuenta de que ahora las comunidades autónomas se han convertido en protagonistas políticos consolidados en el territorio y que las soluciones que se decidan en España tienen que depender de todos sus territorios y no sólo de ‘sus territorios'.
-Como queda reflejado en la Constitución.
-En efecto. La Constitución se hizo con impulsos de los nacionalistas, de los federalistas de izquierdas y de la UCD. Y lo que salió fue una transacción entre estas fuerzas. Si se me permite la expresión, la Constitución fue desvirgada y parió una serie de hijos, que son sus territorios, han adquirido vida propia y tienen que ser tratados por igual.
-Que es justo lo que menos le gusta a los nacionalistas catalanes.
-Ya previno Tarradellas de la tensión de las autonomías. Pero el Estado de las Autonomías no supone la recuperación de un pasado histórico sino la creación de un nuevo modelo de Estado. Aquí en España sólo se ha recuperado una institución, que es la Generalitat, pero el resto son todo creaciones constitucionales, desde el Gobierno vasco a la Junta de Extremadura. Todos tenemos el mismo derecho y todos podemos llegar al mismo sitio.
-¿Las comunidades son tan despilfarradoras como se dice?
-Cuando se habla de despilfarro se habla del chocolate del loro. Los servicios públicos que prestan las comunidades en materia de educación o de sanidad se prestan a los individuos, no a los territorios, y no creo que se pueda decir que se despilfarra en ellos. Y también se tiene que generar infraestructura para atender a todos estos servicios. ¿Que en algunos casos se podría ahorrar más? Pues que se estudie, pero no me creo lo del despilfarro.
-Si se analizan las propuestas de los grandes partidos, más allá de las declaraciones altisonantes, no se aprecian grandes diferencias. Le pongo un ejemplo: las fijaciones de techos de gasto.
-No están alejadas de la lógica. En Alemania hay techos de gasto en el Estado y en los landers y ningún alemán se rasga las vestiduras. Lo que ha ocurrido aquí con el gasto es que los gobiernos y los ciudadanos hemos vivido un 30% por encima de nuestras posibilidades. Y eso se nota en la deuda. La gente se ha comprado más cosas de las que debía y se ha endeudado más de lo que podía. Y todo eso alentado por unos banqueros especuladores que, como diría Helmut Scmichd, deberían estar en la cárcel.
-Esta pasada semana escuchaba en la radio a Guillermo Fernández Vara diciendo que hace falta que las comunidades cooperen más entre ellas.
-Absolutamente. Hace falta que el Estado utilice más los instrumentos que le da la Constitución para armonizar materias y garantizar la igualdad entre los ciudadanos de todo el territorio, algo que ya advirtió hace ya años el Consejo Económico y Social de España. Y también hace falta que las propias comunidades se entiendan más entre sí, que se den cuenta de que no son islas. Y por cierto, el presidente de la Junta de Extremadura me parece uno de los políticos con más sentido común que he conocido en mi vida.
-Lo que hace falta es que esto se lleve a la práctica. Uno observa las conferencias de presidentes o las reuniones del Consejo de Política Fiscal y Financiera y no ve muchas ganas de armonizarse entre sí.
-Porque se piensa demasiado en el corto y en el medio plazo y en cómo se quedará en los medios de comunicación. Y hay que tener la mirada más levantada señalando horizontes. Le digo un ejemplo de lo contrario. Ahora escucho al señor Mas reclamando el concierto económico con Cataluña y lo único que puedo decir es que es inaceptable. Ni el Estado, ni Andalucía ni Extremadura ni nadie aceptarán nunca que Cataluña tenga un concierto propio con el Estado. Lo lógico es lo contrario: armonizar y sincronizar los regímenes fiscales de las Administraciones territoriales para evitar las situaciones de desigualdad. Como ocurre en toda Europa.
-¿Hay que fijarse en Europa?
-Lo que tienen que hacer los responsables de las comunidades es tener sentido de la medida y viajar por Europa. Y ya verán que todas las regiones son iguales.
-O sea, que el nacionalismo se cura viajando.
-Pues eso.
- ¿Más allá de los ataques de los que hemos hablado, entiende que hay que emprender reformas?
-Sí, pero en general del Estado. Una de las primeras cosas que hay que hacer es aligerar la Administración, pero no sólo la de las comunidades sino todas. Eso sí que es una tarea: eliminar procedimientos administrativos, la carga burocrática, el papeleo...
-¿Y hay más retos de calado, de los que hace falta un consenso amplio?
-Pues sí, dos muy importantes. El primero es el de la reforma del Senado. Se le han reducido tanto sus competencias que ahora es un órgano de segunda lectura, pero debe ser una cámara de las comunidades autónomas, como el Senado alemán. Y el segundo reto es el de la reforma electoral. En España, desde 1977, sólo hemos contado con tres mayorías absolutas. ¿Qué significa esto? Pues que la política nacional está casi permanentemente condicionada por los apoyos que necesitan los gobiernos de los nacionalistas catalanes y vascos, por dos partidos que son parte de uno de los territorios de España. Y eso ha frenado muchas posibilidades de racionalización del Estado de las Autonomías. Habría que incrementar el número de diputados. No tiene sentido que teniendo el mismo número de votos, IU tenga sólo dos diputados y Convergencia y Unió cuente con once. ¿A que eso no puede ser?
-A los grandes les cuesta emprender estas reformas.
-Es una tarea de responsabilidad nacional. España necesita alternancia, pero con gobiernos estables que tengan capacidad para generar respuestas a los problemas que se presenten. Este es uno de los grandes lastres de la política española. No podemos estar siempre en el tenguerengue de negociar cada iniciativa política.
-Eso y la España plural de la que tanto se habla no casa bien.
-Yo no digo que no tengan su representación, sino que sea proporcionada. Y ahora no lo es.
-Para acometer esos cambios hacen falta consensos... y liderazgos muy fuertes.
-Y también darnos cuenta de que aquí no tenemos sólo una crisis económica. Esto es una convulsión del mundo y tenemos que luchar por un Estado que sea capaz de dar solución a los problemas. Hay que estar preparados y coger carrerilla para cuando salgamos de la crisis. Una vez me dijeron en un ámbito público que "para qué vamos a hacer esto si ahora no hay dinero". Pues muy sencillo, para que cuando haya dinero no haya que ir corriendo para ponernos al día y aprovechar las oportunidades, para que seamos más competitivos.
-Le pongo ante otras declaraciones. Felipe González y Juan Carlos Rodríguez Ibarra abogan por la desaparición de las diputaciones y Zapatero entiende que hay que trabajar para integrarlas en las comunidades autónomas.
-Yo pienso que son entes intermedios entre las comunidades y los municipios que tienen su legitimación en la prestación de servicios supramunicipales. Al mismo tiempo son un atavismo político, pues se crearon en el siglo XIX, pero creo que su labor seguirá siendo necesaria. Lo que habrá que pensar es cómo se hace y ver de qué manera se evitan duplicidades. Las diputaciones, en la actualidad, están infladas en funcionarios y en representantes públicos, pero no tengo claro cómo redefinirlas.

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