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Cultura

"No reivindico nada, no vaya a ser que me lo concedan"

El escritor y cineasta asturiano presenta ‘El síndrome de albatros', reúne su narrativa corta y anuncia que rodará en Andalucía el año próximo.

el 27 oct 2011 / 20:13 h.

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Hombre de letras tanto como de cine, Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934) visitó ayer Sevilla invitado por el ciclo Letras Capitales para presentar El síndrome de albatros (Seix Barral), y anunció que rodará en Andalucía el año próximo.

-Después de media vida dedicada a la literatura, ¿decir que Gonzalo Suárez "también escribe" no es un poco ofensivo?

-Me ha pasado incluso en la Biblioteca Nacional, que me nombraron patrono y me pusieron "cineasta". Yo pedí que pusieran cineasta, o cinehostia, pero también "escritor". Y la directora de turno preguntó: "¿Has publicado un libro?" No he vuelto a pisar la Biblioteca, claro.

-Javier Cercas escribió su tesis sobre usted, y hoy es una celebridad nacional. ¿Siente que le han adelantado por la derecha y sin poner el intermitente?

-No, no, me alegra mucho que Cercas esté ahí, y otros tantos a los que sigo y aprecio. Creo que no estar debajo del foco tiene sus ventajas. La verdad es que no reivindico ningún paternalismo, de hecho no reivindico nada, no vaya a ser que me lo concedan. De mí han dicho que fui quien rompió con el naturalismo, quien inició la Escuela de Barcelona... Lo que signifique eso, no me preocupa.

-La viuda de su novela quiere saber qué hay de verdad en un texto teatral de su difunto. ¿No es una tentación de todo lector, saber dónde acaba la ficción y empieza lo real? Usted mismo ha dicho que es esta una novela muy autobiográfica...

-No es algo calculado, es lo que yo llamo la aventura de escribir y compartir esa aventura... De hecho, mi idea de la literatura es buscar ese incentivo, seguir jugando como los niños, que saben que el león del relato no es de verdad, pero lo viven con la misma intensidad.

-Algún lector pacato se ha escandalizado con el lenguaje de su novela. ¿Podría haberla escrito sin usar procacidades?

-Me hizo gracia hacerlo así, por un lado me encanta que el objeto de la investigación no sea un asesinato ni nada parecido, sino una pieza teatral; y, por otro, que el nexo de todo sea una obscenidad explícita, como "comerte el coño", de modo que la narración da una especie de vuelta de tuerca clitoridiana. Pero el lector adúltero, como diría Cantinflas, no debe escandalizarse.

-El síndrome de albatros ha salido a la vez que sus relatos completos, Las fuentes del Nilo. A veces da la sensación de que usted es un contador de cuentos, que a veces toman cuerpo de novela o de película...

-Es una idea muy aceptable, soy un contador, aunque me hubiese gustado ser más bien contable, ¡y en esta época más que nunca! Lo que pasa es que conozco mis limitaciones. Y bien mirado, los escritores caemos mejor que los contables.

-Dicen que el periodismo mata al escritor, pero Gonzalo Suárez y su alter ego Martín Girard se han ido retroalimentando, ¿no?

-Creo que en ambos casos soy un cronista, a veces de la ficción y a veces de lo real. Trato de ir más allá de contar el partido de turno, y la gente lo entiende así, porque mis crónicas deportivas son lo más valorado. Es extrañísimo, como que me digan que mi novela va bien... Quizá hay gente a la que le apetecen otras cosas, no sé.

-Le he visto en una foto escribiendo a máquina. ¿De ver cine en streaming ni hablamos?

-Es una foto antigua [risas]. Escribo ya en ordenador, aunque cada tanto se me borra todo. Intenté volver a la máquina y fue como fumar en pipa.

-¿Y lo de las películas en internet, sin hacer colas, sin palomitas, cómo lo lleva?

-Creo que la diferencia fundamental es que antes buscábamos aquello que queríamos, ahora nos sale al encuentro lo que se supone que queremos. Se ha revertido el trayecto. Hasta el sonido te invade en los cines. Pero lo interesante, lo asombroso, es que con un lápiz y un papel todavía puedes ser Shakespeare.

-¿Qué muestra su bola de cristal del futuro del cine español?

-Que a veces se hacen más películas en tiempos de crisis. Y que no es un problema de cuantificación, de taquilla. Antes, un éxito comercial daba vergüenza, te preguntabas qué habías hecho mal. Si la promoción predomina sobre el trabajo, corres el riesgo de convertirte en un producto.

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