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“No renuncio a tener pareja pero el tiempo fértil se pasa y hay que decidir”

Maritina acaba de dar a luz a su hija Lara a sus 45 años estando sin pareja pero no sola

el 28 sep 2013 / 22:00 h.

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Martina con su hija Laura. Martina con su hija Laura. Como cualquier madre que no ha pasado aún ni la cuarentena, hablar tranquilamente con Maritina está condicionado a las demandas de la pequeña Lara, nacida por inseminación artificial el pasado 7 de septiembre. Acaba de darle el pecho y está tranquila en su regazo pero parece que la llamada la sobresalta y se pone a llorar. Maritina y su madre, esa ayuda imprescindible en los primeros días tras el parto, piden unos minutos. Ya está. Crisis superada y Maritina nos cuenta su historia y la de Lara. “Yo quería ser madre desde los 30 años, no conocía el tema de los tratamientos de fecundidad y comencé a informarme sobre la adopción internacional, pero una amiga que había adoptado me dijo que esperara, que era joven y podía encontrar pareja, lo postergué y efectivamente al poco empecé una relación que duró ocho años, pero él no quería tener hijos, aunque no se acabó por eso”, relata. Para entonces tenía 42 años “y ya no tenía tiempo para esperar”. No obstante su primera opción siguió siendo la adopción. “Logré el certificado de idoneidad pero había muy pocos países que aceptaran adoptantes monoparentales”, explica. Fueron sus hermanas las que le hablaron de la opción de someterse a un tratamiento de reproducción asistida y “me insistieron tanto que fui a informarme y una cosa llevó a la otra”. El primer tratamiento se lo hizo con 43 años y “pensé que por mi edad iba a ser difícil pero me quedé embarazada, lo que pasa es que sufrí un aborto”. En diciembre del año pasado lo volvió a intentar. “Me informé bien y fue durante ese proceso cuando contacté con la asociación de madres solteras por elección. Me ayudó mucho ver que había muchas mujeres en la misma situación y que no pasaba nada, que al final tú vas a cuidar y educar en tus valores a tu hijo, y eso es ser madre”. Reconoce que es una decisión “difícil” donde las principales dudas y temores son “si tú sola vas a ser capaz, el tema del tratamiento, si mi hijo va a ser distinto sólo por un deseo mío o si un día te reclama que por qué no tiene padre”. Pero hace una reflexión: su madre es viuda, por lo que ella se quedó huérfana de padre con 15 años y su hermana pequeña con tres, y “somos personas sanas, con una vida totalmente normal”. Y sobre las futuras preguntas que Lara puede plantearle respecto a su origen, tiene claro que “desde primera hora se lo voy a contar, adaptándolo a su nivel pero le explicaré su historia”. Maritina admite que hay un periodo que llama de “duelo” que hay que pasar al tomar la decisión de ser madre sola y que en su caso fue más “raro” porque “venía de tener pareja y no me imaginaba embarazada sola, pero mis amigas casadas me decían que al final las sensaciones y emociones son tuyas, lo vives tú, y yo he estado muy feliz durante mi embarazo”. En este sentido, recuerda que en su caso le resultó muy útil para animarse el certificado de idoneidad en el proceso de adopción porque “descubrí que tenía cualidades que yo no veía y una de ellas era mi amplia red social, porque mi familia está siempre muy cerca de mí y tengo muchísimos amigos y vecinos”. Hoy, con 45 años y su pequeña hija en brazos, deja claro que su decisión “no quiere decir que no quieras tener pareja, yo no estoy cerrada a tener una pareja pero el tiempo fértil se nos pasa y hay que tomar una decisión”. Admite que en su caso tuvo un gran apoyo familiar y social cuando lo planteó y, una vez conseguido su objetivo, asegura que no sale de su “asombro” de la solidaridad y afecto recibidos de amigos y vecinos de su pueblo, Morón de la Frontera. “No doy abasto a contestar llamadas y whatsapp y todo el mundo quiere visitarme y conocer a la niña”, dice satisfecha. Maritina no cree que decidir ser madre sola sea una elección egoísta. “Son proyectos de vida y cuando es algo tan deseado, pensado y planificado hay muchísima más responsabilidad que por ejemplo cuando una pareja se queda embarazada sin planearlo”. “Quieres un hijo, ¿quién puede juzgar eso? La vida no se sabe las vueltas que puede dar. Yo no voy a juzgar a nadie y no quiero que nadie me juzgue a mí”, afirma rotunda.

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