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Obama se enfrenta a su popularidad

Los expertos coinciden en señalar que uno de los principales desafíos que tendrá que abordar el nuevo presidente de EEUU, Barack Obama, junto a la crisis económica o el restablecimiento de la imagen exterior del país tras la era Bush, es el de cumplir las altas expectativas que ha generado su victoria tanto en EEUU como fuera de sus fronteras.

el 15 sep 2009 / 21:41 h.

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Los expertos coinciden en señalar que uno de los principales desafíos que tendrá que abordar el nuevo presidente de EEUU, Barack Obama, junto a la crisis económica o el restablecimiento de la imagen exterior del país tras la era Bush, es el de cumplir las altas expectativas que ha generado su victoria tanto en EEUU como fuera de sus fronteras.

Cada palabra, mensaje o gesto del 44 comandante en jefe de EEUU es, además de analizado al milímetro, vivido con un entusiasmo inusitado por los ciudadanos. Sin haber puesto un pie en el Despacho Oval, el político de Hawai se convirtió en el estadounidense más admirado por sus propios compatriotas y más del 75% vivivieron "esperanzados" y "orgullusos" su llegada al poder. Estos datos son tan sólo dos ejemplos que corresponden a dos encuestas publicadas por los diarios USA Today y Los Angeles Times, pero a eso hay que sumar la Obamanía mundial que ha desatado su elección. Sin embargo, llegar con unas expectativas tan altas tiene su riesgo, especialmente por la dificultad de cumplir con los resultados.

No sería, además, la primera vez que eso sucede en la política reciente. Hace 12 años, el laborista Tony Blair, hasta hace dos primer ministro británico, derrotó en las urnas al conservador John Major, por una aplastante mayoría de votos y desatando la euforia entre los ciudadanos británicos. Blair presentó "el modelo para el siglo XXI", bajo el principio de lograr "trabajo para los que puedan trabajar" y "seguridad para aquellos que no pueden". Era su famosa Tercera Vía. Además contribuyó a poner fin a 30 años de conflicto armado en Irlanda del Norte. Pero su alianza con el estadounidense George W. Bush y el español José María Aznar en 2003 para atacar Irak acabó con aquel entusiasmo, por lo que dimitió en junio de 2007 ya con su partido en contra y las encuestas dándole la espalda.

José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder en 2004 después de un trágico atentado perpetrado por terroristas islamistas que el Ejecutivo de Aznar intentó hacer pasar por un ataque de ETA. Hecho que airó aún más a los ciudadanos, molestos ya con el entonces presidente del PP por su respaldo a la guerra de Irak pese a la oposición popular. Por ello, tras cuatro años de desencuentros entre Gobierno y ciudadanía, la victoria de Zapatero el 14 de marzo de 2004 despertó tantas ilusiones. "No nos falles", fue la proclama que miles de jóvenes lanzaron aquella noche electoral al nuevo presidente. La retirada de las tropas de Irak, los matrimonios homosexuales, la ley de Violencia de Género, la de Dependencia... incrementó esa alianza. Pero en este segundo mandato, la crisis económica está pasando factura a Zapatero. La ilusión y la esperanza ya son cosas del pasado.

El caso de Romano Prodi sí que fue una gran decepción. El ex primer ministro italiano apenas estuvo dos años al frente del gobierno en esta nueva etapa. "El nuevo Zapatero", se podía leer en las portadas de los diarios del país transalpino aquel 10 de abril de 2006. Su vuelta a Italia se vivía con una vuelta a los valores democráticos tras Silvio Berlusconi y sociales. Pero cuando apenas llevaba un año en el poder presentó la dimisión, por la pérdida de la confianza del Senado en su política exterior, que fue rechazada. Pero en enero de 2008 no aguantó más y se marchó.

En América Latina, las irrupciones en los puestos de poder tanto de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil como de Michelle Bachelet en Chile fueron dos bocanadas de aire fresco. Uno era un histórico activista de los derechos de los trabajadores y la otra era una víctima del dictador Pinochet. En estos dos casos llama la atención que pese al prestigio internacional de ambos, en sus respectivos países, Lula haya perdido municipios importantes en las últimas elecciones y Bachelet no tenga asegurada su reelección en los próximos comicios.

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