viernes, 19 abril 2019
19:00
, última actualización

Operación kilo, a diario y de lo que sea en Los Palacios

La asociación Terrogénero ha puesto en marcha la campaña ‘Implíkate’, que consiste en recoger un kilo o litro de cualquier producto. Iniciativas como ésta se han multiplicado en un pueblo muy castigado por la crisis

el 24 sep 2013 / 08:00 h.

Por Álvaro Romero En cualquier punto de la provincia de Sevilla que se señale con el dedo hay paro, mucho paro, demasiado, tasas atosigantes, porcentajes ni imaginados en la época de bonanza, o del delirio. Y Los Palacios y Villafranca (38.000 habitantes), con alrededor de 6.000 desempleados –depende del trimestre–, no es una excepción. Pero sí lo es el índice de solidaridad registrado para amparar a los que no tienen ni para comer, en aumento cada día, a la vista del número de asociaciones que se dedican a conseguir productos de primera necesidad para repartirlos. “Es increíble que un niño se estremezca por un litro de leche”. Lo dice Soledad Vila, presidenta de la asociación Terrogénero. Increíble, sí, sobre todo porque no habla del Tercer Mundo, sino de Los Palacios y Villafranca, pero tan cierto como que la imagen del crío llorando de alegría –paradoja tan adulta– no la abandonará jamás. Aunque su asociación nació para asesorar y orientar a mujeres víctimas de maltrato, aquel niño emocionado por un cartón de leche, al que contemplaron casualmente en la asociación, inspiró una campaña que se desarrolla estos días en el pueblo –Implíkate– y que, según Vila, “no tiene fin”. La estrategia solidaria consiste en entregar un kilo o un litro de cualquier producto, ya sea detergente, gel, zumos o potitos para bebés. Lo que sea. A cambio, al donante se le entrega una pulsera “muy chula” con el lema Implíkate. Las pulseras las pagan varias empresas palaciegas que se han volcado con la causa. Y es que la causa, o las causas –porque los dramas son siempre en plural–, no sólo se llama hambre, sino necesidad de cualquier tipo, pero siempre básica: niños que no conocen el sabor del colacao, que nunca han coloreado con lápices de cera o que olvidaron el olor del champú. En la campaña de Terrogénero no sólo colaboran empresas pagando las pulseritas, sino otras ofreciendo servicios a cambio, e incluso los bomberos locales, que les han prometido a un grupo de chavales de las familias más solidarias una excursión a su parque tan particular. Iniciativas como ésta se han multiplicado en un pueblo caracterizado por el manchón, la pequeña propiedad de tierra que dio siempre para vivir a la familia manchonera y al mismo tiempo ahuyentó a los grandes terratenientes. La asociación VOSPA (Voluntarios Solidarios Palaciegos), que se nutre cada tres meses del Banco de Alimentos de Sevilla, ha agradecido a muchos agricultores que les lleven a su sede un cajón de tomates, de pimientos o de calabacines con el mismo destino. “Antes llegaba más cantidad de alimentos y había menos necesitados; pero cada día es más al revés”, dice Conchi Domínguez, quien agradece que haya aumentado el número de colaboradores. “Hay un señor que todas las semanas nos trae cuatro cajas de leche. Yo creo que habrá hecho una promesa”, contaba el pasado jueves, cuando se retomó el reparto de frutas y verduras, en el que tanto tiene que ver la cooperativa Frupal, que cada semana entrega kilos de productos del campo para los que no pueden comprarlos. “Del Banco de Alimentos se benefician unas 70 familias, pero hay muchísimas más, y van variando, porque algunos encuentran trabajo...”, explica Aurora Aguilar, voluntaria de Vospa. “Abrimos la sede dos días a la semana y las familias tienen que acreditarnos que realmente no tienen; hay hogares en los que entra 400 euros pero tienen una hipoteca de 600”. A Vospa llevan de todo y reparten de todo: ropa, cunitas, mochilas para los escolares. Como hiciera el año pasado, también ahora está organizando otro partido de fútbol entre políticos, fuerzas de seguridad y voluntarios de Vospa cuya entrada consiste en un kilo de alimento. Vospa mantiene un compromiso con las Cáritas parroquiales del pueblo por el que les entregan los productos que puedan ser perecederos si sus voluntarios no dan abasto para repartirlos. Y Cáritas lo agradece, porque hace años que cuadruplicó su demanda y, si no fuera por otras asociaciones con el mismo objetivo, haría años que el hambre, literal, rotunda, hosca, sería protagonista indeseable en determinados hogares. Porque el hambre no entiende de religión ni de raza ni de gustos. También la Comunidad Islámica de Los Palacios reparte alimentos cada tres meses procedentes de la Unión Europea. En varias ocasiones en los últimos meses ha tenido que emitir un comunicado para pedir paciencia y comprensión a las familias que los esperan.

  • 1