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Cofradías

Operación ‘Rumbo a la Cibeles’

Partidarios y detractores de que el Cristo de las Tres Caídas viaje a Madrid miden sus fuerzas. Para convocar el cabildo ha sido necesaria una dispensa de la autoridad eclesiástica.

el 08 jun 2010 / 18:57 h.

Salida del Cristo de las Tres Caídas de la Capilla de los Marineros.

La recién ampliada capilla de los Marineros amenaza con quedarse pequeña el próximo viernes ante la enorme expectación que ha generado entre los hermanos de la Esperanza de Triana la convocatoria del cabildo general extraordinario que habrá de dilucidar finalmente si el Cristo de las Tres Caídas viajará a Madrid en agosto de 2011 para participar, en representación de la Semana Santa sevillana, en el Viacrucis que presidirá el Papa Benedicto XVI en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Apremiada por los organizadores de este encuentro -que el próximo martes harán público el listado completo de los 14 pasos que representarán cada una de las estaciones del Viacrucis-, la junta de gobierno de la cofradía trianera se ha visto obligada a anticipar la consulta a los hermanos aun sin tenerlas todas consigo de que la iniciativa salga adelante.

Prueba evidente de que el ultimátum del Arzobispado de Madrid, organizador de la JMJ, ha acabado precipitando los acontecimientos es que el cabildo extraordinario en la calle Pureza se ha convocado cuatro días antes de la jornada prevista para que se desvele la quiniela de los 14 pasos que participarán en este escogido elenco de la Semana Santa española, aunque para ello la junta de gobierno de la cofradía trianera haya tenido que gestionar ante el Arzobispado de Sevilla una dispensa a sus Reglas, que establecen un periodo mínimo de ocho días entre la convocatoria del cabildo general y su celebración.

A la segunda fue la vencida. Tras un primer intento infructuoso la víspera del Corpus, en el que se escenificó en la sala de juntas de la hermandad la fuerte división que ha causado en el seno de la corporación el polémico traslado del Cristo a Madrid, el hermano mayor de la cofradía trianera, Adolfo Vela, obtenía el lunes el respaldo necesario de sus compañeros de junta para que sea el cabildo general de hermanos el que tenga la última palabra al respecto.

¿Y qué puede salir el viernes de este cabildo? Las posturas de partidarios y detractores están muy encontradas. A nadie escapa el "máximo interés" manifestado por el propio arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, para que la Semana Santa sevillana esté representada por una "imagen significativa" en este magno acontecimiento religioso que reunirá en Madrid a más de dos millones de jóvenes. Un interés, el de Palacio, que muchos hermanos han interpretado a las bravas como una injerencia directa del prelado en la autonomía de la hermandad y en la soberanía de sus órganos de gobierno.

Condicionado por la petición expresa y rotunda del arzobispo Asenjo, el hermano mayor de la Esperanza de Triana, Adolfo Vela, rogará el viernes a sus hermanos que consideren y valoren con espíritu eclesial la petición que se les hace desde la plaza de la Virgen de los Reyes en el convencimiento de que la cofradía ha sido verdaderamente honrada con esta elección y apelando para ello al indiscutible instrumento catequético que supondrá para miles de jóvenes y para el mundo entero -el acontecimiento será retransmitido a casi todo el planeta- la presencia en las calles madrileñas del misterio de las Tres Caídas.

Como avales para lograr el respaldo de la masa social, el hermano mayor presentará las conclusiones del informe elaborado por el IAPH que certifica que la imagen se halla en perfectas condiciones para soportar un traslado a Madrid, y confirmará las gestiones realizadas con alguna fundación de una caja de ahorros para que los gastos del traslado y del alojamiento y manutención del contingente de casi 500 personas que viajará a Madrid -entre costaleros, músicos y jóvenes- no recaigan directamente sobre las arcas de la hermandad, en números rojos tras la gravosa ampliación de la capilla.

Para los partidarios, se trata de una oportunidad histórica para que la hermandad afiance sin complejos su bien ganada proyección universal. Para los detractores, una cacicada de la autoridad eclesiástica dispuesta a jugar a los pasitos.

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