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Orgullo de campeón

Cesc Fábregas, como en aquella tanda de los cuartos de final de la Eurocopa 2008 ante Italia, fue el encargado de meter el penalti definitivo.

el 27 jun 2012 / 23:00 h.

La selección española alcanzó su tercera final en cuatro años y se situó a un paso de su mayor hito en la historia, al poder convertirse en la primera selección en conquistar la triple corona, tras una semifinal durísima ante Portugal, en la que sufrió y acabó sacando el orgullo del campeón.

Portugal fue valiente. La primera selección que no pierde su identidad y mira a los ojos a la campeona del mundo. Heridas del pasado aumentaron las ganas sobre el rival. 48 horas más de descanso les dieron un punto mayor de intensidad para llegar siempre primero a los balones divididos, para mostrar su agresividad siempre al límite en futbolistas como Bruno Álves.

Paulo Bento se confirmó como un técnico con personalidad. No entregó el balón a España para encerrarse en su terreno y buscar el contragolpe letal que posee con Cristiano Ronaldo y Nani, dos de los extremos más rápidos del mundo. Decidió morder arriba. Presionar la salida de balón. Asfixiar a la sala de máquinas de la 'Roja'.

Un punto físico por encima les permitió a Joao Moutinho, Raúl Meireles y Miguel Veloso incomodar la salida de balón. Siempre encima de Xavi Hernández y Xabi Alonso. La orden en ataque era buscar a Álvaro Arbeloa. Fabio Coentrao y Cristiano Ronaldo le examinaban continuamente. El salmantino estuvo a la altura.

El sistema de ayudas diseñado por Vicente Del Bosque era vital. Gerard Piqué siempre pendiente. Sergio Busquets clave en las coberturas. El equipo sustentado por la pareja de centrales. Con Sergio Ramos al mando. Dando una exhibición de poderío y liderazgo.

La presión del rival hizo que España firmase el partido de la Eurocopa con menos posesión a su favor. Xabi Alonso y Xavi se veían obligados a retroceder muchos metros para comenzar la jugada. Supo aguantar el aluvión de su rival. Con Iker Casillas solo interviniendo en un córner que se colaba en su arco.

Era el momento de actuar y a Vicente Del Bosque no le tembló el pulso. De nuevo acertó. Como en toda la Eurocopa, cambios que le habrían provocado una lluvia de críticas, pero que le dan resultado. Quitó la figura de un nueve y metió a Cesc Fábregas. El socio perfecto para la velocidad en bandas de Jesús Navas y Pedro Rodríguez. Si España moría, lo haría con descaro.

Fue cuando la 'Roja' comenzó a recuperar sus sensaciones. A adueñarse del duelo y llegar a área rival. Cuando el físico parecía jugar en contra por las 48 horas de ventaja de Portugal, su rival se había vaciado sobre el césped. España se exhibió en la prórroga, desperdició ocasiones y se encomendaba a la tanda de penaltis. A San Iker. A futbolistas que hace cuatro años derrumbaron el muro psicológico de los cuartos de final para convertir a la selección en una máquina de ganar.

Casillas cumplió con su papel y el destino tenía dos guiños reservados. El primero a Sergio Ramos. Su penalti a la grada del Santiago Bernabéu en semifinales de Liga de Campeones, ante el Bayern, provocó la mofa de todo el país. A él, un futbolista que los ensaya cada semana, que le gusta más marcar que defender. Se quitó la espina con una demostración de personalidad. Lanzando a lo Panenka. Silenciando a todos los que pasaron de la ironía a la celebración.

Fallaba Bruno Álves como si el fútbol pudiese castigar a un futbolista que no cesó de hacer faltas y explotar la otra cara del juego. Y ahí estaba Cesc de nuevo. Como hace cuatro años ante Italia cuando no lanzaba un penalti en partido desde que era cadete. Se lo pidió a Toni Grande. No quiso tirar el segundo y solicitó el quinto. Se lo concedieron y chutó ajustado al palo para clasificar de nuevo a España. En esta ocasión a la final. La tercera en cuatro años de un grupo de jugadores que ya son historia y en el Donbass Arena sacaron el orgullo de campeón

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