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¿Otro costrumbrismo?

Hace unos días me ocupé de la figura del Conde de Aguiar a propósito de su exposición en el Museo de Artes y Costumbres Populares pero no de ésa a la que sus organizadores han titulado con el nombre de Otro costumbrismo.

el 15 sep 2009 / 18:42 h.

Hace unos días me ocupé de la figura del Conde de Aguiar a propósito de su exposición en el Museo de Artes y Costumbres Populares pero no de ésa a la que sus organizadores han titulado con el nombre de Otro costumbrismo. Más abajo -más hondo- que ese costumbrismo podrían existir, a mi juicio, otras perspectivas desde las que enjuiciar las obras del pintor y la muestra que se exhibe, perspectivas que llegan hasta la Sevilla de aquellos años, mucho menos lineal de lo que a primera vista aparece. Una Sevilla que parece costumbrista pero que, en realidad, es surrealista.

Andrés Parladé era rico, no tenía que vender para vivir, pintaba lo que quería. Al mismo tiempo -como otros intelectuales sevillanos, casi siempre también con medios- viajaba, estaba al tanto de los caminos del arte en París o Italia y luego volvía a aquel hervidero sevillano donde, por una parte, se preparaba el gran acontecimiento con el que debía pasmarse al mundo (la Exposición Iberoamericana) y, por otra, seguían a flor de piel gigantescas desigualdades sociales: una situación surreal digna del teatro de Ionesco.

Por eso, los toreros de Aguiar son el haz, reflejan el fracaso de la raza vieja de la que escribía Cansinos Assens y los retratos con prendas variopintas el envés, no lejos del Picasso que pinta así a su hijo Pablo. Hay en el acercamiento al cansancio del picador o la cuadrilla la misma pietas del Príncipe del Gattopardo y en otros la alegría inconsciente de Sevilla era una fiesta. Surrealismo. Y para quien no se lo crea: ¿no es igual de surrealista sacar un toro de un sillín y un manillar de bicicleta que convertir una paleta de pintor y un pincel en un reloj de sol? La diferencia es que el toro está en un museo y la paleta en la Puerta de Jerez. Allí el surrealismo era arte, aquí cotidianidad.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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