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País mediocre y de mediocres

O'Kean y Olivencia lanzan críticas al español, el empresario Manzanares cree que somos los mejores

el 30 nov 2011 / 21:42 h.

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En el atril, O’Kean. En la mesa, José Luis Manzanares, Juan Salas Tornero, presidente de la asociación de antiguos alumnos Rey Guerrero de San Francisco de Paula; Luis Rey, su director; Francisco Fernández Romero, director del área jurídica y legal de KPMG Andalucía; Olivencia, y José Martínez Barea, gerente de la asociación.

El nuevo imperio germánico, ése que impondrá la canciller Angela Merkel la próxima semana y que consagrará definitivamente la llamada Europa de dos velocidades, una para rápidos y otra para lentos, podría ser la gran oportunidad española de sacudirse sus endémicos males económicos, aunque estar en cabeza, junto a países como Alemania o Francia, nos costará sangre, sudor y lágrimas. Será el camino más pedregoso en la búsqueda de la salida de la crisis que soporta el conjunto de la Eurozona, pero también el único factible. Pocos socios entrarán en la vía acelerada, sólo aquéllos que consigan encauzarse hacia el déficit cero y una armonización fiscal -esto es, impuestos iguales o similares-.

Es la tesis defendida por el catedrático de Economía Aplicada José María O'Kean, que ayer pronunció en el sevillano colegio San Francisco de Paula la conferencia La decadencia en España. ¿Es evitable? Se posicionaba, así, respecto a la cumbre comunitaria de la próxima semana que implicará un antes y un después para el futuro del Eurosistema, al tiempo que lamentó el permanente "enroque" y, por ende, el inmovilismo de quienes, sistemáticamente, se oponen al cambio -entre ellos, los agentes sociales- y hacen que este país, dijo, sea, mediocre y como tal es percibido desde el extranjero.

Habló del histórico orgullo español, rayano en la soberbia, y de su sempiterna confianza en la divinidad protectora, léase, Estado. Habló de la aversión al riesgo, de una falsa individualidad revolucionaria, de una querencia por la jerarquía, pues nos gusta que nos manden. Habló del aplauso al pelotazo, al éxito sin el trabajo, del ascenso social vía actividades ilegítimas, de la falta de apoyo a la excelencia. Habló del amiguismo, de que los negocios se labran en el palco del Bernabéu, de que no nos gusta competir. Habló de que la desconfianza conduce a la excesiva regulación, en la creencia general de que nos saltaremos las leyes. Habló de la confusión entre dinero y riqueza y entre inversión financiera -en especial la inmobiliaria- y productiva, una es empresarial, la otra no. Habló de la inexistencia de disciplina, del endeudamiento desmesurado, que ahora pagamos y sufrimos. Y, por último, habló del escaso respaldo al emprendedor.

Faltaba hablar de la crisis de valores. Entró en escena Manuel Olivencia, vicepresidente de Cuatrecasas y catedrático de Derecho Mercantil, quien, dirigiéndose al alumnado del colegio, apostó por una educación que retorne al esfuerzo y al mérito perdidos y que, asimismo, "no iguale hacia abajo, sino que aspire hacia arriba". Que apunte alto y que no levante setas sobre ruinas romanas, velada referencia al edificio de la Plaza de la Encarnación.

Olivencia advirtió de que nos quedan tiempos "muy difíciles", pero apeló a las ilusiones para invertir la inclinación del plano, de abajo arriba. Y, además, lanzó severas críticas al Gobierno saliente por su, subrayó, mala política exterior. Al igual que O'Kean, sentenció que, desde fuera, nos ven como un país mediocre.

Valorémonos un poco. Terció José Luis Manzanares, quien preside la compañía Ayesa.

"Los españoles somos los mejores. Esto lo digo yo, que me peleo todos los días con los demás para competir (en el mundo). Y no es verdad que seamos una pobre gente. Estaremos mal (económicamente), pero no somos malos".

Cinco opciones hay para mejorar: llorar, indignarnos, buscar culpables, que nos saquen o salir por nosotros mismos. Y, también dirigiéndose a los alumnos, sentenció como filosofía de vida: "Es más aburrido jugar a la Play o ver la tele que ganar una batalla", la del triunfo de tu empresa con el trabajo junto a tus compañeros. "La cuesta arriba no es una carga, sino que disfrutaréis levantando este país".

En el turno de preguntas, dos respuestas a tener en cuenta. La primera, de O'Kean: "El mundo está harto de lo que España dice que va a hacer y no hace. Y si las hiciera (Rajoy), con congelación salarial por dos años, un contrato único, negociación colectiva (salarios) según productividad, mañana mismo habría una huelga general. El problema de España no es de deuda, sí de competitividad". Y la segunda, de Manzanares: "Los españoles siguen engañados". Sus fantasías sobre derechos económicos inalienables, concluyó, son eso, fantasías.

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