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Pasacalles para una Alameda recuperada

La Alameda está destinada a ser "lo que los ciudadanos quieran". Una de las frases que más repitió ayer el alcalde en el discurso de inauguración oficial del bulevar iba en ese sentido: "Es vuestra. Os pertenece a vosotros". Foto: Paco Cazalla.
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el 15 sep 2009 / 20:08 h.

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La Alameda está destinada a ser "lo que los ciudadanos quieran". Una de las frases que más repitió ayer el alcalde en el discurso de inauguración oficial del bulevar iba en ese sentido: "Es vuestra. Os pertenece a vosotros". Pero, después del encendido discurso que Monteseirín y Torrijos ofrecieron ayer a los vecinos, a voz en grito, amplificado por dos enormes altavoces, y subidos a un escenario, sería ingenuo pensar que el bulevar se va a convertir en una plaza más de la ciudad.

La Alameda será lo que los políticos quieran que sea. No hay un espacio que se haya instrumentalizado más, tanto por el Gobierno como por la oposición, en los últimos años. Ha servido de arena política para discutir sobre peatonalización y aparcamientos, sobre botellonas y derecho al descanso, sobre la escasez y el exceso de policías, sobre el compromiso de modernizar la ciudad y el retraso de las obras, sobre participación ciudadana y actos izquierdistas... La Alameda se inauguró ayer, y tenía que haber estado acabada hace año y medio. Durante ese tiempo, el bulevar ha sido un campo de batalla, y los vecinos y los hosteleros estaban exhaustos. "Estoy harto de hablar de la Alameda. Yo quiero vivir aquí y que me dejen en paz", decía José Alcaide, vecino de 50 años.

Al acto oficial de ayer acudieron casi todos los concejales socialistas, todos los de IU, incluso el dimitido Francisco Manuel Silva, ex delegado del distrito Casco Antiguo, se dejó ver emboscado tras unas gafas de sol. Pero no hubo ningún edil del PP, único partido de la oposición, porque, según dijeron, el Consistorio no les había invitado. Fuentes municipales explicaron que el acto había sido organizado por el distrito Casco Antiguo, que gestiona IU. Y ésta respondió que "no se había invitado personalmente a ningún concejal", pero se habían mandado invitaciones escritas a todos los miembros y suplentes de la junta de distrito, donde el PP tiene mayoría de representantes (siete). Ninguno fue. Toda esta rocambolesca historia sirve para escenificar cómo, desde la Alameda, es posible hacer política de la nada. Hace un mes, el PP se quejó de que el Consistorio no le invitaba a los actos oficiales. El Ayuntamiento dijo que no lo hacía porque estaban en contra de lo que ellos inauguraban. Pero si los populares hubieran asomado la cabeza por la Alameda, ¿habría sido un acto de responsabilidad o de provocación?

Hubiera sido extraño ver a Juan Ignacio Zoido, portavoz de los populares, escuchando ayer cómo Torrijos y Monteseirín criticaban con dureza a su partido. "¡No hay retraso en una obra que no se inicia! ¡El que no hace nada, no se equivoca, pero no resuelve nada!", gritaba el alcalde. "¡Mientras nosotros disfrutamos la Alameda, los especuladores siguen golpeando este proyecto!", decía, desgañitado, Torrijos. Lo de ayer fue un mitin, y a los mítines no van los opositores, ni se les invita.

"¿Quién va a echar de menos la antigua Alameda?", se preguntó el alcalde. Estaba allí, hablando de las prostitutas y los drogadictos que solían inyectarse heroína y LSD en el bulevar. Y desde el escenario podía ver la nueva Alameda llena de gente paseando al sol, los pasacalles, los niños detrás de los globos y los ancianos comiendo churros con chocolate. Y pronosticó que la batalla terminaría, y que incluso los detractores que atacaron la Alameda un día olvidarían sus palabras y pasearían por allí como si nada.

Ahora que funcionan las fuentes, y se han abierto los quioscos de flores, y están los bancos instalados y el reloj marca su hora, la Alameda de Hércules podría hacerse un hueco anónimo en la ciudad. ¿Podría? "Nunca será lo mismo que se rompa un azulejo aquí que en cualquier otra plaza de la ciudad", reconocía ayer un miembro del equipo de Gobierno.

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