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Paseo flamenco con inspiración étnica

La primera jornada en las pasarelas de Fibes ofrece una estampa de una flamenca tradicional pero, a la vez, renovada

el 01 feb 2013 / 13:30 h.

"Lina es Lina" se escuchaba decir al término de un desfile que satisfizo a todos los asistentes en el arranque de las pasarelas profesionales de Simof 2013. Así, con la seguridad que da venir respaldada por una firma tan veterana como la que nos ocupa, Rocío Montero -hija de la famosa diseñadora-, realizó un muy buen ejercicio de equilibrio entre la tradición que lleva implícita su empresa con detalles de innovación para un desfile que inauguró, como modelo invitada, Eva González, y al que asistieron personajes populares como Marina Danko, con su novio sevillano, Patricia Vela; María José Santiago, Erika Leyva, Tony Benítez o Justo Salao.

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Ante todos, la bella novia de Cayetano Rivera lució, en esa primera aparición, una bata de cola con un cuerpo a modo de mantón de Manila que ya avisó al público del gran espectáculo que venía a continuación. Escotes amplios, en V, o palabras de honor, chaquetas boleras rematadas con flecos en mangas y espalda o mezclas de diferentes tipos de lunares (entre los que destacaron modernos círculos concéntricos que no se llegaban a cerrar del todo) fueron algunas de las líneas maestras para una colección, Flamenco, en la que destacaron tonalidades como los verdes manzana, los fucsias o los rosas con encajes negros, las flores superpuestas y dos o tres hileras de volantes -algunos acaracolados y todos con ese movimiento señal de la casa- con amplitud de tela tanto en las faldas como en los puños. Con calzados atrevidos, como botines con plataforma, y el pelo recogido con flores asilvestradas de varios tamaños en el lateral de la cabeza, "Lina fue Lina" y dejó el pabellón alto para lo sucesivo.

Por su parte, Margarita Freire mezcló los cortos a la rodilla con volantes canasteros, uno de esos básicos que siempre funcionan- con otros largos hasta los pies, en general, utilizando varias hileras de volantitos (hasta ocho pudieron verse) para tejidos estampados con mantones con camafeos que cambiaron la tradicional terminación en pico por otra recta. Detalles de cintas de strass y muchas tiras bordadas fueron salpicándose en piezas de mangas largas -una de las tónicas de esta temporada- y amplitud en el escote para, en los últimos minutos, hacer un guiño a las niñas de comunión y a una novia que cerró un pase donde, uno de los momentos más celebrados, fue la salida de un grupo de pequeños flamencos que dibujaron amplias sonrisas en el aforo. Más allá, de la inocencia se pasó a la sensualidad que desplegó Beatriz Reina vistiendo a sus modelos con mallas de encaje negro que dejaban muy poco margen a la imaginación -en cuanto al físico de las desfilantes se refiere- pero que, a la vez, cedían el protagonismo a unos complementos grandes y con cierto aire étnico en la fusión de piedras de diferentes colores o más raciales en los cinturones a la cadera creados a base de los aros de gitana de toda la vida rojos o negros engarzadas en una cadena dorada.

Ya en el adiós, Rocío Peralta acudió a la gran Frida Kahlo, y al México natal de ésta, para, bajo el sonido de la inolvidable voz de Chavela Vargas, ofrecer una explosión de vitalidad que, con sombreros de charros, buscó el contraste cromático entre los vestidos y los mantoncillos combinando con acierto extremos como el verde y el guinda. Poco vuelo en sus cómodos volantes, y mangas largas, de nuevo, y con cierta candidez en sus caídas, conformaron una estampa apoyada en las perfectas recreaciones que de la pintora hicieron los miembros del equipo de estilismo de Paco Cerrato. Una inyección de optimismo que presagia todo lo bueno que queda por llegar.

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