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Progreso y miseria

Dejó de estudiar con 14 años para enrolarse como grumete en barcos que recorrían los mares del sur. Vivió una experiencia fracasada en la fiebre del oro y finalmente se asentó como periodista y tipógrafo. Su familia, con dos hijos, casi perece por hambre.

el 15 sep 2009 / 22:29 h.

Dejó de estudiar con 14 años para enrolarse como grumete en barcos que recorrían los mares del sur. Vivió una experiencia fracasada en la fiebre del oro y finalmente se asentó como periodista y tipógrafo. Su familia, con dos hijos, casi perece por hambre. Fue un crítico incansable de los intereses de los ferrocarriles, la minería, los políticos corruptos y los especuladores de suelo. Escribió, sin grandes conocimientos de economía, una obra que fue la segunda más vendida en el siglo XIX en el mundo entero. Gracias a su libro, Progreso y miseria, Henry George fue el americano más famoso tras Thomas Edison y Mark Twain. Traducido a casi todas las lenguas, con un estilo que le sitúa como el autor de una de las obras más bellas en lengua inglesa. Estudiado con verdadera veneración por intelectuales como Bernard Shaw, John Dewey, Keynes, Galbraith o Thorstein Veblen.

Tuvo una gran influencia en numerosos reformistas sociales, con ideas de tinte socialista y liberal. Muy crítico con las ideas de León XIII, defendiendo la doctrina de la iglesia en el problema obrero, de gran importancia en la creación del periódico que usted tiene ahora mismo entre sus manos.

En España influyó en intelectuales como Joaquín Costa o Miguel de Unamuno. En 1913, en Ronda, se organizó un Congreso Internacional del georgismo. Uno de sus seguidores más activos fue Blas Infante.

Un autor que hoy es noticia por dos razones bien diferentes. Primero, por la oportuna reedición de su libro, dentro de ese lujo de colección de obras históricas que viene publicando la editorial granadina Comares.

En segundo lugar, porque personas como John Podesta, uno de los asesores de Obama, ha revindicado su plena actualidad. Recuperando para los demócratas americanos sus ideas. Como la defensa feroz de los impuestos, la distribución de la riqueza, la solidaridad con los desfavorecidos y la regulación de los mercados, especialmente en sectores estratégicos como la energía o las comunicaciones.

Llevamos un año de crisis y los anaqueles de las librerías que pueblan nuestro territorio guardan un sospechoso silencio sobre las verdaderas causas de esta crisis. Un silencio que recuerda más al "paréntesis del capitalismo", que a las lecciones aprendidas de una ideología fracasada. Una paz de cementerio que anticipa la amnesia futura, gracias a esa peligrosa fe en el progreso inevitable. Es esa quietud de los intelectuales adormecidos, lo que obliga a rebuscar entre los clásicos.

Ayer como si fuera hoy, con las palabras que escribió Henry George, "hoy aflige al mundo la pena mortal, la aguda y cruel angustia que envuelve las palabras malos tiempos para las grandes multitudes. Si las conclusiones a las cuales lleguemos van contra nuestras preocupaciones, no desistamos; si recusan instituciones que por largo tiempo han sido juzgadas prudentes y naturales, no retrocedamos. Me propongo no aceptar ningún principio, no retroceder ante ninguna conclusión, quiero seguir únicamente a la verdad a donde quiera que conduzca."

Abogado

opinion@correoandalucia.es

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