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Propiedad condenada

Una de las noticias de la semana ha sido que están apareciendo, otra vez en Andalucía, pueblos a los que se les llama "el pueblo del paro", "la capital del paro" y cosas así. No tengo que explicarles porqué. No son los de siempre, los del campo pobre...

el 15 sep 2009 / 22:14 h.

Una de las noticias de la semana ha sido que están apareciendo, otra vez en Andalucía, pueblos a los que se les llama "el pueblo del paro", "la capital del paro" y cosas así. No tengo que explicarles porqué. No son los de siempre, los del campo pobre y los jornaleros olvidados. Ahora son pueblos pequeños, que una vez tuvieron riqueza, fábricas, dinero, trabajo. La crisis se los ha llevado por delante; falla un sector y todo se cae, en cadena. Parece que nuestra economía, nuestro empleo, nuestra poca riqueza, no eran más que un castillo de naipes. Hicimos lo que nos dijeron que hiciéramos; jugamos según las reglas que nos dieron; trabajamos, y mucho; arriesgamos; ganamos, y seguramente no tanto; y ahora perdemos sin tener culpa alguna. Los mismos que nos ganamos una fama por nuestro éxito, ahora la tenemos por nuestra caída. Pueblos sin trabajo, gentes sin futuro. Propiedad condenada. Así llamó Tennesse Williams a una de sus historias, la del empleado de ferrocarril que va a cerrar la estación de un pueblo que se muere, porque ha cerrado la fábrica de la que vivía. Así decían los carteles que se veían en todos los edificios, porque todos eran de la empresa, y los iban a tirar abajo.

La obra habla de la desesperación, de la angustia, de la rabia; también del amor, que en el cine fue entre Natalie Word y Robert Reford. Todo estaba condenado: la fábrica, las casas, las personas, los futuros. Nosotros no podemos permitir esto; por muy dura que sea la crisis, y por difícil que resulte encontrar las soluciones, nada ni nadie puede condenar a un pueblo. Si hace años apostamos por un subsidio agrario para evitar que se despoblaran y abandonaran, en una decisión no entendida fuera de Andalucía que nos ha marcado con el estigma de la tierra subsidiada, hoy tenemos que encontrar algo parecido para nuestras nuevas capitales del paro. No podemos hacer de la Andalucía interior un desierto de pueblos vacíos, rodeado de una costa destruida y con alguna ciudad enorme aquí y allá. Tenemos que construir nuevas oportunidades para nuestros trabajadores y nuestros empresarios. Tenemos que grabar los nombres de nuestras capitales del paro en nuestra memoria, no olvidarlos nunca, tenerlos siempre presentes.

Catedrático de Derecho del Trabajo

miguelrpr@ono.com

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