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"¿Qué falla? Hay muchas cosas que no interesa quitar en el Polígono Sur"

Ángel Sánchez es portavoz de la Asociación de Afectados de Las Letanías.

el 07 jul 2014 / 12:05 h.

ÁngelSánchez, presidente vecinal de los damnificados de Las Letanías, ante el nuevo bloque que sustituyó al que explotó en agosto de 2003. / José Luis Montero ÁngelSánchez, presidente vecinal de los damnificados de Las Letanías, ante el nuevo bloque que sustituyó al que explotó en agosto de 2003. / José Luis Montero   El 14 de agosto se cumplen once años de aquella trágica madrugada, ¿se ha olvidado del todo? Se guarda pero nunca se olvida. Se perdieron vidas humanas [cuatro] y también cosas materiales que no se volverán a reponer. Siempre lo tenemos presente. Mis hijas, que ya son mayores de edad, aún duermen con la televisión encendida y no pueden ver una bombona de gas en casa. Los vecinos, en general, salen corriendo a la puerta cada vez que huelen un poco de gasolina y se acuerdan de aquel día. ¿Qué recuerdos todavía tienen los vecinos de la explosión y todo lo que desencadenó aquello? Un episodio como el que nos tocó vivir es difícil de borrar de la memoria. Tenemos recuerdos de lo que pasó aquella madrugada de la deflagración y del cabreo que siguió porque el seguimiento que prometieron la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla en aquellos momentos ha sido nulo. Se fue dejando de la mano de Dios como todo lo que se hace en el Polígono Sur. Desde la nefasta construcción del nuevo edificio en el que muchos volvimos, hasta los servicios sociales que se plantearon. ¿Cómo es la vida ahora en número cuatro de la calle Consuelo de los Afligidos? ¿En qué os ha cambiado la rutina? Bastante. Ahora miramos mucho menos el tema material y mucho más el día a día. Somos más escépticos con lo que pueda pasar, y, desde luego, no te fías de ninguno de los vecinos. En el bloque [realizado nuevo tras la explosión], ya no somos los mismos vecinos de entonces. Hay gente nueva, que llegaron más tarde y que, por suerte, se han adaptado bien y no generan problema [sonríe]... y eso que algunos reconocen que no querían venir al conocer la historia. De los antiguos quedamos diez familias, dos de ellas tienen litigios con la Junta [propietaria del inmueble] para conservar la vivienda de sus familiares. A nosotros nos gustaría que siguieran aquí, pues son gente que ya conocemos desde hace años. No hace mucho denunciaron «desperfectos» en el nuevo bloque de pisos, ¿se solventaron? No. Incluso se han agravado porque en su día el Comisionado [por Jesús Maeztu, hoy ya Defensor del Pueblo] nos prometió que se arreglaría todo y que se repondría todo antes de dejar el puesto. La Junta dice que está en estudio, pero los estudios parecen durar años y años. El edificio se hizo muy rápido para callarnos la boca. Lo primero que se hizo mal fue entregarnos las llaves en plena calle un jueves de Feria de Abril. Y con prisas porque se tenían que ir a la Feria. Entre los defectos que presenta el bloque están que seguimos sin placas solares, buena parte de la estructura fue robada. Tampoco han tratado las humedades de los bajos. Han tardado ocho años en encontrar las pocetas escondidas, algunas hasta en los dormitorios de los pisos, y que causaban las inundaciones cada vez que llovía. Por último, las malas calidades en las puertas de entrada. Siempre han remarcado que las deficiencias no son de ahora y que el edificio ha sido «fuente de problemas desde un principio»... Así lo es. Desde el momento previo a la construcción hasta ahora. Primero con no hacerlo, que si se hace de pago, que si se iba a cobrar una barbaridad y, luego, la dejadez una vez hecho. Hemos ido denunciando cada uno de los problemas pero es como gritar en el desierto. ¿Qué explicación da la propietaria del edificio? EPSA es la dueña de todos los pisos menos de dos. La verdad es que en cuanto a labores de conservación, su gestión es nula. Vienen, miran los desperfectos, hablan con nosotros y para que arreglen algo se llevan dos años y siempre tras denunciarlo públicamente en los medios cada vez que llega el aniversario de la explosión. La ciudad se volcó con los afectados desde el primer momento, organizando festivales, actos benéficos... Sí, la verdad es que fue una respuesta abrumadora, que agradeceremos siempre. En especial, al letrado Joaquín Moeckel y a Carlos Herrera por su dedicación de la gala de Sevillano del Año en el Rotary Club, así como al pueblo de La Algaba y su alcalde de entonces [por José Luis Vega] que nos dejó la plaza de toros para un acto o al Palenque por acoger un concierto gracias a personalidades como Pepe Da Rosa. ¿Cuál fue el papel que jugó el Comisionado en la recuperación del bloque? De intermediario y poco más. Maeztu [entonces Comisionado] fue más de ponerse la medallita y punto. Fue solo la preocupación del momento y luego se lavó las manos. ¿Qué función tiene este Comisionado para todo el Polígono Sur? Es más bien una figura, pues mientras no tenga poder de decisión seguirá siendo poco efectiva. Este es su gran problema, que no tiene poder de decisión. Es por ello que el trabajo del día a día del Comisionado en el barrio se ha notado poco. A la nueva Comisionada [María del Mar González] le pediríamos que tuviera una relación más cercana y directa con los vecinos. ¿Pero se habrá avanzado algo? Mira, hace poco han puesto un parque cerca de la Avenida de la Paz que ya está prácticamente roto. Aquí se estropea el bordillo y termina levantándose la acera entera. Se instalaron contenedores de recogida neumática y no funcionan. También se habló de darle un cambio a los bloques de Las Letanías y hasta presentaron cuatro colores de pinturas. Se pintaron los tres edificios primeros que daban a la avenida, el resto sigue igual. El parque del Guadaíra, otro caso igual:sigue cerrado pese a ser una zona verde que vendría muy bien. Ahora, si lo abren, que lo hagan con vigilancia. ¿Cuál cree que es el verdadero problema de la zona? ¿qué falla? El principal problema del Polígono Sur no es construir edificios o hacer un centro cultural, sino darle educación a la gente. No hay una enseñanza cívica que acompañe a los grandes proyectos. Aquí hay que coger a los que niños y enseñarles a vivir en comunidad, con unas normas y respetando el entorno en el que vivimos. Para que lo poco que se haga se mantenga y no caiga en saco roto. ¿Qué falla? La desidia política y los presupuestos que según ellos no llegan. Falta voluntad. Hay muchas cosas que no interesan quitar en el Polígono Sur. Ni los muros físicos ni que se escuche nuestra voz, como se vio hace poco en Madrid al silenciar el discurso de nuestro centro de adultos, premio Miguel Hernández del ministerio.

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