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Qué más hay que esperar y cuánto tiempo

Rabia, dolor, lágrimas. Camino sin saber a qué puerta llamar, a qué Dios rezar, a qué político exigir. Me salpica la sangre que se derrama a miles de kilómetros, desde los cuerpos exhaustos de quienes están encerrados en el cada vez más minúsculo rincón que es Palestina. Nacieron en un campo de concentración con la etiqueta de viudos y huérfanos. Antes de morir ven caer a la gente que...

el 15 sep 2009 / 20:38 h.

Rabia, dolor, lágrimas. Camino sin saber a qué puerta llamar, a qué Dios rezar, a qué político exigir. Me salpica la sangre que se derrama a miles de kilómetros, desde los cuerpos exhaustos de quienes están encerrados en el cada vez más minúsculo rincón que es Palestina. Nacieron en un campo de concentración con la etiqueta de viudos y huérfanos. Antes de morir ven caer a la gente que aman. Cada ladrillo recibe el cemento como un preludio de la metralla que llegará después, creando escombros a escasa distancia de la opulencia del opresor, de sus rascacielos y su economía boyante. Se espera de ellos que, al contrario del potente vecino, pongan la otra mejilla durante suficiente tiempo como para que no quepa duda de que han quedado anulados y a merced de cualquier decisión externa. Se espera que dejen de jugar con sus armas de pacotilla y se traguen el odio que fabrica la miseria provocada. Quienes gobiernan mi país y mi continente estrechan las manos de Israel, llaman "respuesta" a la matanza y "desproporción" al genocidio. Se está escribiendo una de las páginas más vergonzosas de la historia del mundo. Se escribe y nosotros apoyamos el lápiz.

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