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¿Ramadán hoy? Lo que diga la Luna

Mirando a la Luna. Así pasarán los más de 4.000 musulmanes que viven en Sevilla las próximas horas. Si ven al blanco satélite, comenzarán el Ramadán esta madrugada. Si no, lo harán en la de mañana. Todos esperan con fe y alegría ese momento sagrado en el que el ayuno purifica el cuerpo y el alma.

el 16 sep 2009 / 07:27 h.

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Mirando a la Luna. Así pasarán los más de 4.000 musulmanes que viven en Sevilla las próximas horas. Si ven al blanco satélite, comenzarán el Ramadán esta madrugada. Si no, lo harán en la de mañana. Todos esperan con fe y alegría ese momento sagrado en el que el ayuno purifica el cuerpo y el alma.

A unas horas del atardecer por fin lo sabrán. Si es el momento en el que la Luna pasa de nueva a creciente, se iniciará el mes del ayuno. Como en otras religiones -en el cristianismo también-, el satélite terrestre manda.

"Si se ve la Luna, empezamos el Ramadán, si no, lo haremos en la madrugada de mañana. Ha de empezar justo en el noveno mes lunar". Hassan Idrissi espera, como el resto de musulmanes que viven en Sevilla -más de 4.000-, el inicio del mes sagrado, el Ramadán, el tercer pilar del islam. Y lo hace con la fe de quien lleva más de un cuarto de siglo fortaleciendo sus creencias en medio de una ciudad religiosamente ajena y la alegría de quien sabe que estos 30 días lo harán mejor persona. "El ayuno de este mes es bueno para el cuerpo y para el alma", explica no sin antes aclarar que el dejar de comer es sólo uno de los aspectos de este mes. "Se trata de hacer más cosas buenas, de acordarse de los que no tienen nada, de los pobres... Es vivir desde el respeto a los demás". Y así se lo ha inculcado a su familia, a sus amigos, a la comunidad islámica Masyid Al-Hidaya de la que es presidente y a los casi 500 fieles que acuden a la mezquita de la que es imán, en plena barriada de El Rocío, en la zona de la Macarena.

En pocas horas, todos ellos darán un vuelco a sus vidas. Convertirán las noches en días y los días serán algo más pausados. Desde el alba al atardecer no tomarán ningún alimento ni bebida ni mantendrán relaciones sexuales. A la caída del sol, volverán a la normalidad y se reunirán para comer juntos y rezar. "Supone cierto sacrificio, pero el cuerpo se acaba acostumbrando a estos nuevos horarios", apunta Hassan, que se confiesa un gran seguidor de "esa costumbre tan arraigada aquí y que se convierte en muchos casos en un vicio pero que ayuda a reponer fuerzas: la siesta".

Muchos recortarán las horas de sueño, otros moderarán el trabajo diurno y algunos harán la siesta más larga, pero todos vivirán estos días con una gran intensidad. Ni las distintas ocupaciones ni los horarios durante este mes suponen el principal problema. Lo más difícil, según explica este hombre que lleva 25 años en Sevilla, es el ambiente, las costumbres. "Si todo el mundo hace lo mismo es más fácil. Aquí como cada uno hacemos una cosa es más difícil no dejarte llevar o, incluso, no acordarte de que tienes que ayunar".

No es de extrañar que, a veces, ocurra eso. En el barrio en el que vive Hassan y su familia -andaluza por los cuatro costados: su mujer es de Huelva y sus tres hijos han nacido en la capital hispalense- se solapan decenas de culturas, nacionalidades, costumbres y creencias. De ahí que, para Hassan, "el respeto sea esencial para construir una sociedad mejor".

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