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Rastreando la huella de los muertos

La Casa de la Ciencia acoge una singular muestra que documenta los rituales funerarios desde el Paleolítico hasta hoy

el 16 abr 2012 / 19:45 h.

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Lo que contemplan estas dos visitantes no son recuerdos de Itálica, sino vestigios fúnebres del Neolítico.

No sería exceso de prudencia avisar de que las siguientes lineas abordan algo tan negro como la defunción, el fin, el tránsito, el deceso o el óbito. Pocas palabras gozan de tantos sinónimos como esta, pero Muerte, dicha así, en mayúsculas es la reina madre de todas ellas. La Casa de la Ciencia (sita en el Pabellón de Perú) adquiere hasta el próximo 3 de junio una cierta tonalidad ceniza con la exposición que alberga en su interior: La otra cara de la vida. Y por si esta mañana no se despertó excesivamente brillante y se le escapó el eufemismo, se subtitula la cosa Cultura funeraria, ayer y hoy.


Si llegó hasta este punto y aparte o es usted coleccionista de caninas en formol o le ha podido más la curiosidad. Si se acerca por allí podrá conocer la evolución de la cultura mortuoria en el Mediterráneo a través de más de un centenar de piezas funerarias originales: del temor a la muerte en el Paleolítico y en la época romana al despilfarro en los rituales griegos, las momias egipcias y las inhumaciones cristianas. Nunca una exposición fue tan poco tentadora para los cacos. Y no porque en ella no existan objetos de valor, pero hay que tener muchas ganas de tangar una vasija neolítica de cenizas humanas y colocarla en la hornacina del salón.


"La muerte ha generado a lo largo de toda la historia de la humanidad uno de los legados artísticos más imponentes de cuantos puedan imaginarse". Lo cuenta así el antropólogo sevillano Sergio Arbeola. "Forma parte de la cultura y una iniciativa como esta es interesante por cuanto que la acerca a la sociedad de una manera didáctica", añade. En la muestra hay piezas de todo tipo y de todas las épocas y, entre ellas, sobresale una máscara funeraria que data del año 1.500 antes de Cristo cuya contemplación impone más respeto que encontrarse a Fu Manchú de noche en el Callejón del Agua.


También se puede contemplar el ajuar que acompañaba al fallecido a la otra vida, compuesto por armas, amuletos y pequeñas figuras humanas de cerámica, piezas que los egipcios creían que se convertirían en esclavos si en la otra vida les fuesen demandados a sus propietarios algunos trabajos. Pero como la egipcia no ha sido la única cultura obligada a mantener cordiales -más forzosas- relaciones con la Parca, en la exposición puede también adentrarse en las diversas manifestaciones fúnebres de religiones como la católica, la ortodoxa, el Islam, la budista y hasta los testigos de Jehová.


Si visitarla a solas le da no se qué, los próximos días 18 y 19 tiene la oportunidad de hacerlo en compañía (también 8, 9, 22 y 23 de mayo) con visitas guiadas -de clarificador nombre, Secretos de ultratumba- conducidas por un arqueólogo que desmenuzará cada retranca de todos y cada uno de los objetos expuestos. Nadie le asegura que vaya a salir de la Casa de la Ciencia más contento que unas castañuelas. "Aunque, al fin y al cabo, no debería ser así, de la misma forma que aprendemos a vivir, tenemos que aprender a morir", asegura Fernando Pouso, delegado en Andalucía de la empresa funeraria Grupo Mémora, organizadora, no por casualidad, de la exposición.

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