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Regalo barato

La joven curiosea en la librería, retira libros de las bateas y los recoloca como si tratase una valiosa cerámica. Los libreros refieren de ella una leyenda que parece un cuento. Lee dos o tres libros a la semana y, sin embargo, su biblioteca apenas alcanza el centenar...

el 15 sep 2009 / 20:50 h.

La joven curiosea en la librería, retira libros de las bateas y los recoloca como si tratase una valiosa cerámica. Los libreros refieren de ella una leyenda que parece un cuento. Lee dos o tres libros a la semana y, sin embargo, su biblioteca apenas alcanza el centenar de obras. Una vez leídos, los regala para compartir con los amigos tres gozos principales: el de adquirir conocimientos, entretener tiempos aburridos e imaginar aventuras con cada obra.

Tiene una teoría para mantener que un libro es el regalo más barato del mercado. Quizá sea acertada. No se agota como un perfume, que te deja un tarrito de diseño que estorba en todas partes. Tampoco pasa de moda como las corbatas o los pañuelitos, sino que puede conservarse dos o tres siglos. No se desgasta ni deteriora si lo cuidas con el mimo con el que la joven los retira de las estanterías y los devuelve a su espacio.

Los miembros de una familia pueden turnarse en la lectura, reduciendo el coste por persona e, incluso, dejárselo a algún vecino con la confianza de entrar en su casa para recuperar el préstamo cuando convenga. Cultura debería encargar un estudio para explicar porqué cada cual no devuelve los libros que le prestan.

La joven acaba comprando dos obras de aproximación viajera, Las damas de Oriente, de Morato, y Danubio, de Magris. Los leerá y regalará y, así, su biblioteca seguirá reducida a los diccionarios que enumera García Márquez en su Memoria de mis putas tristes.

Son libros que pueden regalarse con la seguridad de que no dañarán la inteligencia de nadie, ni fueron fabricados en la churrería de César Vidal. En la relación del Nobel extraña la ausencia de María Moliner y la omisión del lenguaje popular, tan bello para la magia de la literatura. La referencia llega de la memoria con la lectura de la nueva novela de Alfonso Fernández Malo, De sol a sol, en la que crea personajes que están en nuestras vidas, y pone en sus bocas un vocabulario perdido en nuestros laberintos de desidia. No es una novela histórica surgida al pairo de la moda comercial, sino la honesta invención de una historia real para compartir con la regaladora de libros.

Periodista

daditrevi@hotmail.com

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