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Sacando lo mejor

el 06 abr 2011 / 20:34 h.

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Los participantes de la muestra 'Creando mundos'.

Un rápido vistazo a la exposición Creando mundos que, hasta el 13 de abril, puede verse en el Centro Cívico Las Sirenas (en la Alameda) no aporta más significados que los que cada visitante quiera entender. Ni más ni menos que lo que sucede en cualquier muestra de arte contemporáneo.

En ese sentido, y en muchos otros, es un triunfo, ya que, a ciegas, cualquier espectador vería con absoluta normalidad lo que aquí se exhibe. Pero esta no es una colección de arte normal y corriente, las piezas no están firmadas por cotizadísimos creadores alemanes o finlandeses. Creando mundos es fruto del trabajo de los pacientes de salud mental del Hospital Virgen Macarena de Sevilla.

Todos los participantes en la colección padecen graves trastornos mentales y grandes dificultades para la comunicación y expresión emocional. Esa es la cruda constatación de los hechos, la seca y cortante premisa que origina que todos ellos, artistas anónimos, formen parte de esta muestra.

Luego viene el optimismo y los matices. Uno de los responsables de la iniciativa, el psiquiatra Leopoldo Molina, ha comprobado el poder liberador del arte: "Hacer cosas, tener actividad, es la mejor manera de sentirse integrado en la sociedad. Hay personas que han acarreado ese sentimiento de vacío e inutilidad durante mucho tiempo y, de pronto, con una propuesta como esta ven una obra suya expuesta al público y recobran parte de las riendas de su vida", explica.

Los pacientes que han reunido aquí sus obras parecen beber consciente o inconscientemente de diferentes fuentes. Los hay picassianos, también quienes buscan su personalidad al cobijo de Miró, otros tiran más hacia el arte de vanguardia reciclando materiales y construyendo extraños seres y formas, pero también están los que son algo más conservadores y optan por el bodegón y el paisaje de toda la vida.

"Nosotros como médicos podemos extraer lecturas muy significativas de cada una de las obras, pero eso no es lo importante. Por eso nos prohibimos a nosotros mismos entrar en el taller cuando están creando, para no condicionar los resultados, para que se sientan completamente libres", explica el terapeuta.Para los artistas -que ayer miraban con auténtico embeleso los resultados- esta experiencia les ha servido para poner fuera vivencias internas que los problemas derivados de su enfermedad durante muchos años se lo impidieron: "Durante el proceso de la pintura pueden plasmar sentimientos y experiencias de la vida psíquica que no podrían ser expresadas de ningún otro modo", opina Molina.

En un espacio distinto y alejado del ámbito clínico, con acuarelas, lápices y materiales de toda índole "las sensaciones que pueden llegar a experimentar son maravillosas": "Uno de ellos me comentó que el simple hecho de que un carboncillo se deshiciera en su mano sirvió para recordarle sus mejores momentos de la infancia". Y como si se tratara de genios de la plástica, los médicos y hasta el público -esta es la segunda edición ya- pueden seguir los avances.

Si Van Gogh oscurecía sus obras en función de su estado anímico o si Rothko evolucionó hacia el negro absoluto en los últimos años de su vida, los miembros del colectivo Creando mundos, por fortuna, están realizando un recorrido inverso. "Al comienzo había personas que sólo utilizaban colores grises y oscuros y a lo largo del tiempo sus creaciones han ido llenándose de luz".

Claro que emular al Bosco no es coser y cantar, "al principio también existe bloqueo":"Hay muchos pacientes que padecen tal desconexión consigo mismos que no son capaces de verbalizar. Nosotros, con la arteterapia, le ponemos en sus manos una palanca que al activarla comienza a favorecer a todo el motor", expresa Leopoldo Molina.

Por el camino quedan los pormenores, que "si no importa tanto los resultados como la experiencia sensorial, el proceso", o que "muchos exorcizan sus fantasmas y dan rienda suelta a sus fantasías". Nadie le preguntó nunca a El Greco o a Kandinsky el por qué de aquellas figuras y manchas de color. Se limitaron a estamparlas sobre unos óleos y a pasar a engrosar las filas de los grandes del arte. Mucho más modestos son los anónimos ingenios que firman estas obras. Detrás de cada trabajo hay una historia personal de superación y, lo que aquí importa, una pequeña obra expuesta ahí, en la Casa de las Sirenas, con la esperanza de que usted o cualquier otro se sienta emocionalmente impactado, tocado, cuando la contemple.

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