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Se acabó la fiesta

Al presidente se le agota el tiempo para recuperar el crédito.

el 20 feb 2010 / 20:22 h.

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Al PP no le gustan mucho las fiestas, a juzgar por su interés en acabarlas todas. El pasado octubre, el vicesecretario de comunicación popular, Esteban González Pons, auguraba que "se acabó la fiesta" en alusión al cese del ex secretario general del PPCV, Ricardo Costa.


El pasado martes, en la sesión de control al Gobierno en el Senado, Pío García Escudero, repetía la misma frase ante Zapatero. Según el PP, el presidente del Gobierno ha "dilapidado" la herencia económica de Aznar durante sus seis años en La Moncloa. Y ahora, lo dicho, "se le acabó la fiesta".


Algo de razón llevaba González Pons sobre Costa, que fue destituido diez días después de las fiestas de la Comunidad Valenciana. Por su parte, Zapatero se enfrenta a su última oportunidad de demostrar que García Escudero no llevaba tanta razón. El periodo de sesiones en el Parlamento ha empezado tras el parón navideño marcado por el ensañamiento de un PP que no está dispuesto a negociar, que se ve vencedor de las próximas elecciones generales y que se cree cada vez menos el optimismo socialista.


Sin posibilidad alguna de crear empleo neto hasta final de año -según el propio Gobierno-, con un déficit que alcanzó el 11,4% del PIB en 2009, aún en recesión y con los medios de comunicación internacionales en contra, Zapatero ha vuelto en los últimos días a augurar una pronta recuperación económica. Hace dos semanas, el presidente advirtió -ante las risas populares- que "la economía española no está peor que hace seis meses", mientras que el pasado miércoles, en el debate monográfico en el Congreso, apuntó que la situación evoluciona a mejor.

Pero, como a Pedro con el lobo, ya nadie le cree.
Tras el desaire de Financial Times, al que la vicepresidenta económica, Elena Salgado, tuvo que responder en directo en pleno corazón de la City londinense, The Economist habló la semana pasada de la mano "temblorosa" de Zapatero en materia económica y le animó a no intentar quedar bien con los sindicatos y con los mercados al mismo tiempo. Y es que, si por algo se caracteriza la gestión de la crisis del Gobierno socialista, es por su indecisión.


Mientras que el presidente se ha mostrado firme y no ha dado ni un paso atrás en política social, en materia económica la mayoría de sus anuncios -el último el de retrasar la edad de la jubilación- ha sufrido alguna matización o retroceso.
En la primera legislatura, la derecha al completo se le echó encima por la ley del matrimonio homosexual, el aznarismo le crucificó por sacar las tropas de Irak y siguió adelante con Educación para la Ciudadanía pese a las desavenencias con las regiones del PP. Más recientemente, ha llevado la reforma de la ley del aborto al Congreso (y está dispuesto a llevarla al BOE) por encima de los obispos y los foros por la familia y ha creado un nuevo ministerio, el de Igualdad, en plena tormenta económica. Pensaba Jordi Sevilla -autor de la famosa frase "esto te lo sabes en dos tardes"- que el jefe del Ejecutivo socialista sería tan contundente en todas las facetas de su gobierno, pero al presidente le está costando más de dos tardes salvar su credibilidad. En el Pleno del miércoles se mostró algo más firme frente a un Rajoy casi iracundo y su disposición al diálogo para un pacto de Estado está siendo bien acogida por todos los grupos parlamentarios -a excepción del PP, una vez más-. Sin embargo, hay 4,3 millones de parados para los que la firmeza de Zapatero llega tarde. Y al presidente le urge que España le crea.

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