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«Ser ministro es hacer un máster de alto nivel y la matrícula es muy cara»

«Fui ministro. Ahora he regresado a mi laboratorio», dice.

el 23 may 2010 / 18:29 h.

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Bernat Soria en el Cabimer.

El 3 de mayo, la Fundación Progreso y Salud -que coordina la investigación biomédica en Andalucía- anunció haber recibido "autorización para desarrollar dos proyectos de reprogramación de células madre embrionarias". Estos trabajos emplearán la técnica más innovadora para obtener células madre mediante un procedimiento hallado hace apenas cuatro años. Uno de los proyectos se titula Terapia Celular de la Diabetes Mellitus y sus Complicaciones y su responsable es Bernat Soria, que no ha concedido entrevista alguna desde que fue cesado como ministro de Sanidad el 7 de abril de 2009. Tras solicitar la cita pertinente con la fundación, el mail de confirmación dice: "12.00-13.00: Entrevista con Bernat Soria en Cabimer sobre los proyectos de reprogramación celular recientemente autorizados y las salas blancas". Sentados a la mesa en su despacho, la conversación apunta en esa dirección y así llega la primera pregunta. Pero Bernat Soria ya está preparado para hablar de su etapa en el Gobierno.

-Tras los descubrimientos en torno a la reprogramación de células que han conseguido que una célula adulta, habitualmente de piel, se retrotraiga hasta el estado de embrionaria, ¿qué puede ocurrir con la terapia celular?
-[Silencio] Ésta es la primera entrevista que doy desde que dejé de ser ministro...

-¿Por qué no ha hablado desde que dejó el Ministerio?
-Me he resistido mucho pero ha pasado un año. No quiero hablar de la política del ministerio porque cuando uno es o ha sido miembro de un Gobierno tiene que hablar en el momento y en el sitio en el que tiene que hablar. Hay que ser leal con el Gobierno del que formas parte, eso hace que cuando dejas el ministerio y a la semana ya te están preguntando qué piensas de lo que hace el Gobierno no debas opinar. Ya ha pasado un año, la gestión política fue una etapa en mi vida y como todas las etapas uno tiene que saber cerrarla. Creo que he tenido suerte por haber podido disfrutar... más que disfrutar yo diría haber podido... estar en el Gobierno.

-¿Qué balance hace?
-He formado parte de un consejo de ministros durante un par de años y cuando uno ha estado ahí ha prometido no hacer públicas las deliberaciones. Yo soy prudente, no voy contando cosas y no lo voy a hacer. Pero una cosa es que no lo cuentes y otra cosa es que no lo sepas; saberlo lo sabes. Cualquier persona que se haya sentado en un consejo de ministros sabe que el nivel de información que maneja un Gobierno es enorme, por eso tienes que ser prudente.

-Su despedida del ministerio fue... genuina ["Te reciben con palmas y al día siguiente comienza la tortura... lo bueno es que después llega la Resurrección", le comentó Soria a la ministra entrante y actual responsable de la cartera, Trinidad Jiménez].
-Cuando eres ministro estás expuesto y trabajas en cantidad de problemas a un ritmo enorme. El día de mi despedida y de la bienvenida a Trinidad [Jiménez] le dije que había hecho un máster de alto nivel y la matrícula que se paga es muy cara... por lo que luego me han contado otros compañeros ministros de otros países esta despedida tuvo mucho recorrido en Europa... Lo que te puedo decir es que no estaba preparada.

-¿Qué ocurrió para que surgiera de ese modo?
-Mi equipo estaba muy afectado. Si hubiera leído el discurso serio que llevaba de reflexión sobre el papel de un Ministerio de Sanidad, sobre los proyectos que teníamos en marcha, se hubiera informado mejor de lo que estábamos haciendo y cuáles serían los próximos pasos, pero yo vi a colaboradores míos, de los que ya peinan canas, con lágrimas en los ojos y eso no puede ser, uno no puede despedirse así... pensé que eso no podía ser, que tenía que ser de otra forma y en ese momento monté otra despedida. También coincidió con que era Miércoles Santo y el símil con la Semana Santa estaba hecho.

-¿No intentó Zapatero rescatarlo para otras funciones?
-Mi paso por el ministerio fue un corte quirúrgico y muy limpio en el acceso, se hizo público un viernes y el lunes yo estaba en la Zarzuela tomando posesión, y en la salida: otro corte muy limpio y me incorporé al laboratorio. Fui diputado por Alicante durante seis meses más. Me pidieron que intentara compatibilizar las dos cosas y lo intenté, de verdad, pero son difícilmente compatibles. No es cierto que los diputados no trabajen, aparte de estar allí, en el hemiciclo, hay mucho trabajo en las comisiones... y ese trabajo es muy serio y se tiene que hacer. El presidente también me ha estado haciendo ofertas y es razonable que no quiera perder la experiencia que has adquirido pero yo ya lo había hablado con él en este sitio cuando me llamó. Le dije: "¿Durante cuánto tiempo?". Él me dijo: "El que tú quieras". Repliqué: "El que haga falta". Porque nunca fue mi intención ser ministro.

-¿Y estaba preparado?
-No sé... por lo que cuentan no lo hice mal. Nunca estuvo en mi agenda ocupar un cargo político. En mi caso estaba descartado por muchas razones. Cuando volví del extranjero de mi segundo posdoctorado en el Reino Unido, en 1982, cuando entra el gobierno socialista, que es donde yo siempre he estado, en el pensamiento socialdemócrata, recibí ofertas muy atractivas para alguien que tenía treinta y pico años, y dije que no a una dirección general. Si cuando era más joven y estaba en condiciones de querer hacer carrera política dije que no, ese camino para mí quedó cerrado para siempre.

-Hay quien ha criticado tanto su designación como ministro como su regreso al laboratorio.
-Quiero demostrar que es posible y se puede ser profesional en cualquier área, aceptar la responsabilidad de gestión política y cuando se acaba esa responsabilidad, volver a tu área de trabajo. Yo espero haber contribuido a que este país sea un poco mejor.

-¿En España llama eso la atención más que en otros países?
-En Estados Unidos, por ejemplo, es frecuente. Algún compañero mío de proyectos, de los que colaboran conmigo, comentó textualmente, cuando yo dije que mi plan era volver al laboratorio: "Es muy loable pero es muy poco creíble". Ya sé que la gente no se lo cree pero espero que después de un año empiece a creérselo porque eso es lo que estoy haciendo.

-¿Qué ha ocurrido al regresar al Cabimer?
-Reflexionemos sobre eso... no se regresa exactamente al mismo sitio. Aquello que dijo Heráclito sobre la paradoja de Teseo: nunca pasa dos veces la misma agua por el río. Y es cierto: el río ha cambiado pero después de dos años también tú eres distinto. Nunca vuelves exactamente a la misma situación.

-¿Cuál es ahora su situación?
-Ir consiguiendo objetivos con mi grupo de investigación, pedir ayudas y conseguir recursos. Hay quien dice: "Tú, como has sido ministro, no tendrás problemas". Pero puede ser al contrario, porque cuando has sido ministro hay mucha gente que te está esperando con la escopeta cargada, pero es lo que hay y hay que aceptarlo. En segundo lugar, desarrollar el departamento de células troncales y reprogramación celular: estaba en mínimos cuando me fui al ministerio y ahora hay siete grupos de investigación. La Junta, con buen criterio, quiere aprovecharse de mi experiencia en el ministerio y estoy encantado con que se aproveche.

-¿Cuál es su cargo exacto?
-Soy investigador de Cabimer y como tal dirijo el departamento de Células Troncales y el Programa de Terapia Celular.

-Le ha tocado volver en plena crisis. ¿Cómo ve este momento?
-Vamos a entender que la crisis es también una oportunidad pero... [largo silencio] Las cosas están aquí porque alguien las ha hecho. Mucha gente, sobre todo los jóvenes, tiene la sensación de que las cosas son como son y no hace falta hacer nada: no es así. Todos los días hay que trabajar para que este mundo continúe siendo lo que es, para que la democracia no se venga a tierra, porque hace 50 años no teníamos ni democracia ni libertades, igual que no teníamos un sistema nacional de salud, ni una cobertura universal. Hay que hacer cosas para que este mundo, al menos, siga siendo así porque si no hacemos nada se va a deteriorar, será mucho peor. Hay que luchar para mantener los derechos y las prestaciones sociales, para que nuestro sistema nacional de salud sea sostenible. La postura progresista es mantener el nivel de bienestar social que se había alcanzado antes de la crisis porque igual que lo tenemos se puede perder. Se puede perder un sistema que facilita el acceso a la asistencia sanitaria, la educación, las pensiones, la dependencia, que protege ante el paro, eso forma parte del estado de bienestar y éste corre peligro en los períodos de crisis.

-¿Corre peligro el sistema nacional de salud, la sostenibilidad de la sanidad pública?
-Claro que sí. Nos cuesta 65.000 o 70.000 millones de euros al año y ese dinero sale de nuestros impuestos. Pero si los ingresos del Estado disminuyen por la crisis, un servicio que el Estado da a los ciudadanos tiene un peligro de deterioro en sostenibilidad. Pero no sólo sostenibilidad financiera, también en cuanto a su calidad, la innovación y la investigación, porque de las crisis se sale, pero la pregunta es cuándo y cómo, y en ese cuándo y cómo la innovación y la investigación tienen mucho que decir.

-¿Cree que la gente ha comprendido su salto a la política y su regreso al laboratorio?
-Me continúan escribiendo. Cuando llegué al ministerio recibía cartas que decían: "Me alegro por usted pero no me alegro porque ha dejado el laboratorio". Ahora dicen: "Qué pena que no esté en el ministerio". ¡Es que todo no puede ser! La verdad es que si me guío por los mensajes que recibo estoy muy agradecido a todo el mundo.

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