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Sevilla y Málaga acaparan los clubes que explotan a mujeres

El 53% de las víctimas de trata de blancas trabaja en locales que se concentran en grandes urbes.

el 20 abr 2012 / 20:23 h.

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Susana es brasileña, tiene 25 años y su esposo e hijo son españoles aunque viven en Brasil. Desde allí respondió a una oferta por internet para trabajar como camarera en España. La entrevistaron y la cogieron pero al llegar, vía Lisboa, la llevaron a un club de carretera en una población adyacente a Sevilla donde le dijeron que ese era el bar en el que iba a trabajar y le dieron "una ropa muy ordinaria". Ante sus quejas, un hombre extranjero le pegó y le dijo que si quería volver a ver a su familia tenía que acostarse con hombres y portarse "bien" porque "saben dónde viven". "De lo que gane tengo que darles un 70% por la habitación y la comida y si viene la policía tengo que decirles que estoy allí porque necesito trabajar y no me importa el tipo de trabajo", explica.

Susana es una de las 150 mujeres obligadas a ejercer la prostitución en Andalucía que componen la muestra de un estudio pionero sobre la trata de blancas. El 38% de las mujeres de la muestra ejercen en Sevilla que, junto con Málaga, acapara los clubes de alterne, el principal lugar de trabajo de estas mujeres por delante de la calle y los pisos, más habituales en zonas rurales de Almería y Huelva junto a grandes explotaciones agrícolas.

El estudio Las mujeres víctimas de trata con fines de explotación sexual en Andalucía, elaborado por el Instituto Andaluz de la Mujer a través de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, revela el perfil de las víctimas de estas redes:la mayoría tiene entre 26 y 35 años, lleva dos o tres en España sin papeles (el 81% tienen una orden de expulsión pendiente), carece de estudios (aunque un 19% tiene estudios superiores) y en su país de origen dejan responsabilidades familiares, sobre todo hijos. La procedencia mayoritaria es Europa del Este, sobre todo Rumanía (36%), seguidas de Latinoamérica y África subsahariana (32% respectivamente). El 53% trabaja en clubes, sobre todo las africanas, un 31% en pisos (principalmente latinoamericanas) y un 16% ejerce en la calle (donde hay más del Este).

Pero uno de los datos más llamativos es que el 46% son captadas por familiares y un 17% por amigos o conocidos. El 37% restante fue engañada con anuncios de trabajo en prensa o internet, como la oferta a la que contestó Susana.

Las redes las trasladan a España en autobús o patera en el caso de las africanas, en avión las latinoamericanas y en tren o autocar las de Europa del Este, con lo que las víctimas contraen una deuda de entre 15.000 y 40.000 euros que éstos se cobran explotándolas sexualmente bajo amenaza de hacer daño a su familia en el país de origen. El 78% sufre violencia también en sus carnes.


El relato de Susana revela cómo la pesadilla no tiene fin. A ella la dejaron volver a Brasil tras los tres primeros meses. "Me voy a mí país y creo que todo ha terminado pero poco después estos hombres aparecen en mi casa y dicen que vienen de visita. Hablan con mi familia así que no tengo más remedio que irme con ellos. Ahora estoy de nuevo en el club y espero que me dejen irme a casa dentro de unos meses".

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