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Cofradías

Si Mahoma no va a la montaña...

El cardenal Rouco conoció ayer al Cristo de las Tres Caídas en una visita relámpago a Triana

el 23 may 2012 / 20:25 h.

El Cardenal Rouco admirando el paso de misterio de las Tres Caídas.

Ya saben lo que algunos voces pregonaron en la calle Pureza cuando la organización de la Jornada Mundial de la Juventud, con el cardenal arzobispo de Madrid al frente, se fijó en el misterio de las Tres Caídas para representar a la Semana Santa sevillana en el célebre Viacrucis de la Castellana en el que acabó participando la Virgen panadera de Regla: "Si Rouco quiere ver al Cristo, que venga a Triana". El destino ha querido que aquella sentencia, que muchos tildaron de chouvinista, haya resultado profética. Acompañado de un séquito de al menos 19 clérimans -todos ellos obispos auxiliares y vicarios de la Archidiócesis de Madrid- el presidente de la Conferencia Episcopal Española y cardenal madrileño, Antonio María Rouco Varela, visitó ayer la capilla de los Marineros después de recorrer a pie el trecho que separa Pagés del Corro, donde el autobús dejó a la comitiva, del número 53 de la calle Pureza.


La visita de tan ilustre dignidad religiosa se enmarca dentro de la celebración, en este caso en Sevilla, del Consejo Episcopal de la Archidiócesis de Madrid, que una vez al año elige una ciudad española para reunirse y, de paso, conocer de cerca la realidad de esa diócesis "en todas sus manifestaciones". Y ayer por la tarde, tocaba cofradías.


Con el rector del seminario de Sevilla, Miguel Ángel Núñez, como cicerone del grupo, a la curia madrileña le prepararon por la tarde un apretado programa de visitas por los templos de las principales referencias devocionales de la ciudad. El periplo comenzó después del almuerzo en la nueva Basílica menor del Cachorro, continuó en la capilla de los Marineros y estaba previsto que prosiguiera más tarde a las plantas del Señor del Gran Poder y junto al camarín de la Esperanza Macarena.


Antes de entonar una salve a las plantas de la dolorosa trianera y un padrenuestro ante el Cristo caído de la calle Puerza, Rouco y todo su sequito escucharon atentamente sentados en los bancos de la capilla las explicaciones que, micrófono en mano, les ofreció el hermano mayor de la Esperanza de Triana, Adolfo Vela, sobre el origen de la hermandad, la autoría de las imágenes o la "faraónica" obra de ampliación de la capilla.


Acto seguido, el cardenal de Madrid visitó las dependencias de la hermandad. Subió a la quinta planta para firmar en el libro de honor de la corporación, donde el hermano mayor le obsequió con un ejemplar del voluminoso libro de la historia de la hermandad, para posteriormente hacer una nueva parada en la segunda planta y conocer de cerca al director y a algunos de los especialistas del Centro de Apoyo Infantil Esperanza de Triana, donde la hermandad presta cobertura a niños diagnosticados con el síndrome denominado como TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Allí pudo conversar con una pequeña de 9 años a la que obsequió con una "chapa" de la JMJ.


Ya por último, Rouco se detuvo ante la enorme cristalera que cobija al paso de misterio de las Tres Caídas. Su rostro fue de admiración al contemplar aquella inmesa mole que representa el pasaje evangélico de la tercera caída de Cristo. De su paso por la calle Pureza queda una dedicatoria escrita, un DVD con la versión íntegra de todos los actos de la JMJ, una medalla del Santo Padre, y una foto: la de Rouco viendo al Cristo trianero.

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