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Siete escalones anticrisis

el 19 may 2010 / 20:20 h.

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Ni tijeretazo de Zapatero ni los 4,6 millones de parados que a fecha de hoy arrastra el país. Pocas cosas escapan a la crisis. La devoción rociera es una de ellas. Aquí siempre salen las cuentas, y si no que se lo digan a los porches de la iglesia de Villamanrique de la Condesa, que ayer no tuvieron ni un minuto de descanso. Por sus peldaños desfilaron cientos de peregrinos y diecisiete carretas (con sus bueyes) para cumplir con el tradicional saludo al Simpecado de la Primera y Más Antigua Hermandad.

La jornada comenzó una hora más tarde de lo previsto. Isla Mayor inauguraba el día a las once de la mañana. Ya entonces pegaba el sol en la plaza de España: "No importa. Mejor con calor que con agua y frío", señalaba el presidente manriqueño, Juan Márquez, que agarrado al banderín de la hermandad en la puerta de la iglesia añadía:"Aquí no hay crisis".

Los más de treinta grados que se alcanzan al mediodía no impiden que Huévar del Aljarafe cierre el ciclo matinal, "tranquilo de público, de momento", como comentan María Paz y sus amigas, todas ellas vecinas de la antigua villa de Mures:"Depende de la hermandad que esté pasando en cada momento. Marbella, por ejemplo, apenas traía medio centenar de romeros". Y es que, a juicio de estas madres manriqueñas, la crisis ha dejado "a los rocieros de verdad, a los de toda la vida, a los que no les hace falta ni camareros ni pijamas de seda para el camino". Relatos y añoranzas de los Rocío antiguos que intercambian las lugareñas mientras se abanican y otean en el horizonte los sombreros de los caballistas:"Por la cinta creo que son Las Palmas de Gran Canarias, ¿Las Palmas? ¿No tenían que haber pasado por la mañana?". Efectivamente tenían, pero sobre el programa de paso de las hermandades Márquez aclaró: "Aquí los horarios son orientativos".


A las 16.45 horas, la singular carrera canaria con su exótico exorno floral hacía presencia en la plaza. El boyero encuentra en las madres manriqueñas su mejor ayuda:"Venga. Cuidado. Despacio, uno a uno... así... Que no se doblen las ruedas, que estamos perdidos". Las imágenes de la subida llegan a todas las casas. La televisión local lo está retransmitiendo en directo. En el bar El Molino se escuchan también los rosarios de vítores a la Blanca Paloma, las sevillanas de despedida y hasta la danza en corro de un grupo de romeros de Las Palmas. No se mueve ni un sombrero de paja en el bar. Los hombres manriqueños siguen el compás dando golpes sobre la barra. Hay que aprovechar los tiempos de espera, entre carreta y carreta, para reponer fuerza y descansar. La tarde sólo acaba de empezar.
Los repiques de campanas y cohetes (cada vez más cercanos) avisan de que la siguiente está próxima. A las 17.20 horas debería estar pasando Granada y a punto de hacerlo Gines, pero llega Almensilla. Entre las varas manriqueñas está el párroco, Pablo Colón, "don Pablo" como le salu¬dan en el pueblo. Para alivio suyo, estos bueyes no suben la escalinata. Y es que este cura sevillano lleva tres años en Villamanrique, con sus tres Rocíos vividos, pero aún hay cosas a las que no termina nunca de acostumbrarse:"Que me echen mejor un paso encima que un buey", reconoce.


Por la calle Santa María Magdalena llega un mar de romeros. Vienen cantando delante de su Simpecado, el de Gines. El presidente manriqueño avisa desde los porches:"Esta gente suben". De un arreón, los astados salvan los escalones. Meten la cabeza hasta el interior del templo, a la espera quizás de encontrar un bebedero en esta zona de sombra. Y una vez afloran historias en los porches. La esposa del hermano mayor de Gines, Rosa Muñoz, recibe de manos de Juan Márquez la medalla de hermana de su pueblo de Villamanrique. La despedida lo decía todo:"Buen camino. Habéis cumplido". Su respuesta:"No es un cumplido, es un honor". Un honor que también vive Benacazón minutos más tarde. Esta ahijada manriqueña se regusta en su desfile, tanto que el alcalde de carreta tiene que llamar a la retirada desde su caballo hasta en tres ocasiones. Son las 18.40 horas y el Simpecado de Granada está esperando. El tiempo apremia en un camino caluroso y repleto de historias.

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