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Cultura

Silverio Franconetti: Hijo de una alcalareña

Continuando con la investigación sobre el mítico cantaor sevillano Silverio Franconetti, damos a conocer hoy importantes datos sobre su madre, la alcalareña María de la Concepción Aguilar Díaz.

el 21 nov 2009 / 19:08 h.

En su libro Silverio Franconetti. Noticias Inéditas (Ediciones Giralda, 2000), Daniel Pineda Novo comete un error en la fecha que da del nacimiento de la madre del gran cantaor sevillano, la alcalareña doña María de la Concepción Aguilar. Al encontrar la fecha del fallecimiento, ocurrido en Sevilla el 26 de septiembre de 1859, el prestigioso investigador de Coria del Río descubrió en el registro del cementerio hispalense que tenía 69 años de edad y dedujo, como era lógico, que había nacido en el año 1790. Sin embargo, esta fecha es incorrecta.

En la partida de bautismo que localizamos hace unos días, que aún no había sido hallada, consta claramente que esta mujer vino al mundo en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) el día 4 de agosto de 1792. Fue bautizada dos días más tarde en la bella Iglesia de San Sebastián, auténtica joya mudéjar cuyo archivo histórico fue destruido en la Guerra Civil de 1936. Luego el libro 18 donde fue registrado su bautizo, en concreto en el folio 188, se perdió para los restos. Tampoco se podrá averiguar dónde vivieron los abuelos de Silverio, en qué calle de Alcalá, porque no existen los censos de aquellos años.

Los padrinos de la boda fueron sus tíos paternos Juan y Josefa Aguilar, de Sevilla, como los abuelos maternos de Silverio. Luego eso que escribió Antonio Machado y Álvarez, el célebre Demófilo, de que la madre del cantaor de la Alfalfa era "perteneciente a una de las familias más conocidas de dicha villa", es ciertamente discutible, porque los abuelos maternos de Silverio, don Blas y doña Rosa, se habían afincado en Alcalá de los Panaderos por motivos profesionales del abuelo, que era administrador de Correos. No eran nativos alcalareños ni descendían de hijos de esta hermosa localidad sevillana. Los dos eran sevillanos y se habían bautizado él en Omnium Sanctorum y ella en Santa Catalina. O sea, dos sevillanos de la mejor cepa.

En cuanto a la boda de María de la Concepción Aguilar Díaz con el soldado romano Nicolás Franconetti Chesi, aclararmos que no fue el 22 de diciembre de 1809, como se ha dicho, sino dos días antes, según consta en el expediente matrimonial que hemos localizado, después de doscientos años del citado enlace de los padres de Silverio en la venusta tierra de Joaquín el de la Paula.

En el expediente del enlace matrimonial de los padres de Silverio aparece mucha información sobre la madre, pero apenas nada sobre el padre, lo que no deja de sorprendernos. No se adjunta, por ejemplo, su certificado de bautismo, que sin duda nos aclararía muchas cosas sobre su origen italiano. Sólo consta que fue soldado de la Séptima Compañía del Cuerpo de Inválidos de Sevilla, acampada en el barrio sevillano de San Roque cuando tuvo lugar la boda. Su condición castrense le sirvió para no tener que aportar más documentación personal.

Con estos importantes datos y otros que aportaremos más adelante, la biografía del cantaor sevillano va camino de cerrarse con total garantía de veracidad. Entendemos que a algunos no les parezca importante esta figura histórica del flamenco, pero aquí pensamos que sí lo es y estamos investigando todo lo relacionado con su vida, sin duda apasionante y fundamental en los principios del arte flamenco como género de espectáculo.

María de laConcepción Aguilar Díaz tuvo que ser una alcalareña luchadora, pues crió a nueve hijos en una etapa ciertamente difícil de la historia de España. Su hijo Silverio, aventurero y hombre de iniciativas, emigró a América y estando allí se produjo el fallecimiento de esta mujer. Silverio no pudo estar en el entierro de su madre, y seguramente creó estas seguiriyas gitanas que Demófilo le atribuye en su obra Colección de cantes flamencos (1881), con el enorme dolor de no haber podido besar a su bata antes de que la enterraran:

Doblen las campanas,
doblen con doló.
Se me ha muerto
la mare de mi arma,
de mi corazón.

Cuando partió para América el joven cantaor y aspirante a picador de toros, aún soltero, en 1857, le hizo un laíto en su corazón a su madre, como lo demuestra esta otra letra de su extenso y rico repertorio seguiriyero:

Maresita mía.
En un laíto de mi corazón
te traigo metía.

José Ortega, uno de los nietos del gran Enrique Ortega El Gordo, aseguró en una entrevista de 1922 que Silverio era el seguiriyero más grande de su tiempo, según le dijo su abuelo, El Gordo. Lo afirmaba un cantaor gitano, lo que significa el prestigio y la importancia que como cantaor tuvo el gachó de la sevillana calle Odreros, o sea, de la Alfalfa.

Aunque lo acusaron de prostituir el cante gitano, lo que en realidad hizo Silverio Franconetti fue poner en valor el género musical andaluz, dignificarlo y darle categoría.

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