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Sin barreras para disfrutar

La Asociación Cultural de Personas Sordas de Sevilla ha visitado esta semana el Espacio Iniciarte. Un encuentro pionero, sin palabras y a otro nivel con el arte actual

el 10 jul 2010 / 17:30 h.

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La convocatoria: una visita guiada para personas sordas a la exposición Más allá de la fotografía en el Espacio Iniciarte podría pasar, a priori, por una iniciativa de un organismo público. Sin embargo en esta ocasión la reunión, mucho más espontánea, la ha provocado el propio comisario de la exposición, Sema D'Acosta, al alimón con la intérprete Rocío Domínguez.

 

Juntos dieron con una idea clave: el colectivo de personas sordas está por lo general ajeno a la órbita de la cultura, no digamos al universo del arte contemporáneo. Visitar una muestra de alto calibre intelectual junto a ellos adquiere tintes de ceremonia. La desacralizada Iglesia de Santa Lucía, el silencio alrededor de una decena de personas, el hermetismo de ciertas obras y el sofocante bochorno del lugar confieren un cariz de experiencia al encuentro.

D'Acosta explica todos los entresijos de las piezas y Rocío va traduciendo al lenguaje de signos cada uno de los matices que introduce el comisario. "La lengua de los sordos es tan rica como la nuestra", afirma la traductora, capaz de hacer entender al conjunto de visitantes las implicaciones sociales del trabajo sobre las favelas de Dionisio González o el carácter de posfotografía que imprimen los hermanos MP a su obra en la colección.

"A menudo se piensa que los sordos somos personas que no estamos interesados en la cultura, ésto no es así, lo que sí sucede es que las posibilidades que tenemos de acceder a ella son muy limitadas", anota Alejandro Bravo, presidente de la asociación. Y si en cuestiones de televisión y cine algo ha cambiado y cada vez se subtitula más para ellos, "el grueso de opciones continúan siendo debates políticos y manifestaciones institucionales", algo que no les disgusta pero que resulta altamente insuficiente.

La experiencia en Iniciarte puede calificarse de pionera, pero no de aislada. Al menos esa es la pretensión de Sema D'Acosta, quien junto con Rocío Domínguez, están elaborando un calendario de inmersión cultural en la ciudad, "en edificios y rincones poco conocidos y en exposiciones de arte contemporáneo", siempre pensando en las necesidades y en los deseos del colectivo de personas sordas de Sevilla.
En el transcurso de la visita a la muestra las opiniones se multiplican. Hay desde quien se siente fascinado a quien prefiere un cuadro de Velázquez. "Como se ve, las personas sordas no responden a ningún tópico concreto, son gente normal y corriente que en lugar de vivir con los cinco sentidos se ven obligados a hacerlo con cuatro", explica Rocío, quien pese a no padecer esta privación confiesa sentirse "mucho más cómoda" entre este colectivo porque se lleva mejor con su ritmo de vida.

Ninguno de los participantes comprende el nulo acceso que tienen a la esfera de la cultura de vanguardia. "Para nosotros el arte es algo esencial, una manera muy especial de relacionarnos con el mundo", afirma Alejandro. No en vano en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla hay tres personas sordas que cursan allí sus estudios con la finalidad de cumplir un sueño sin necesidad de palabras, el de sentirse creador.

Además de propuestas como éstas, el colectivo, representado aquí por Alejandro Bravo, tiene toda una batería de peticiones: "Quisiera que el voluntariado acabara y todos los intérpretes cobraran por su trabajo y es necesario continuar ampliando estos servicios en el ámbito de la educación", cuenta. Todavía hay un deseo más, pero éste parece poco viable;"sería deseable que el lenguaje de signos fuera más conocido, que todas las personas tuvieran en su formación algún contacto con él".

Tan ajeno resulta este universo al común de los mortales que la mayoría de los sevillanos desconocen, al pasar por la Plaza Ponce de León, que este señor, con apellido de rancio abolengo, fue uno de los primeros que en España comenzó a enseñar a los niños sordos de los nobles la lengua de signos. Anécdotas al margen, la Asociación Cultural, reunida minutos después en la Plaza del Pelícano alrededor de una cerveza, aspira a mejorar sus condiciones en todos los aspectos. Aquella imagen de Goya y Beethoven con una pizarra en el pecho para hacerse entender hoy parece una broma. Pero siguen existiendo necesidades.

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