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Sin blindar contra las agresiones

Los sistemas de seguridad de las imágenes protegen incluso de fuegos.

el 20 jun 2010 / 21:56 h.

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La agresión al Señor del Gran Poder se ha producido en uno de los templos más seguros de Sevilla. La basílica, restaurada en noviembre de 2008, dispone de un férreo sistema de seguridad como los que tienen implantados la Macarena, el Cachorro, la Amargura y la Esperanza de Triana, tras la última restauración de su capilla.

Sin embargo, estos dispositivos están preparados para proteger a la talla contra incendios, humedades, cambios de temperaturas y hasta movimientos sísmicos pero no para agresiones como la que se produjo ayer en el templo de la plaza de San Lorenzo.

La reforma de la basílica del Gran Poder dispone desde noviembre de 2008 de cámaras de seguridad y hasta de una cámara blindada donde el Señor de Sevilla pasa las noches. Pero esta última es una protección efectiva si el templo está cerrado. Si no, no hay forma de proteger la talla de una forma absoluta puesto que se puede acceder hasta ella.

Esa agresión se produjo desde el camarín, una zona que fue acondicionada en la restauración del templo hace dos años para conferirle más seguridad. En concreto, se dotó al camarín de un telón cortafuegos en su embocadura para proteger al señor de cualquier conato de incendio.

Para evitar el efecto de tiro de chimenea que desempeña la estancia en la que está el Gran Poder, de modo que no haga de escape de los humos de las velas y de agentes contaminantes, a los pies de la embocadura del retablo se instaló una cortina de aire que aísla el camarín, una demanda ésta muy insistente de los restauradores de la imagen. Pero este diseño y toda esta tecnología no puede evitar un ataque indiscriminado como el de ayer.

agresión a los javieres. No ha sido ésta la única agresión que ha sufrido una talla en Sevilla. En 1989, durante un robo en la iglesia de Ómnium Sanctórum fue dañado el Cristo de las Almas de la hermandad de los Javieres. El Cristo, que estaba en besapiés, apareció con una gran grieta en el brazo derecho y daños en la cabeza y ensambles.

La talla tuvo que ser restaurada un año después por Jesús Santos Calero, lo que obligó a que la hermandad realizara la estación de penitencia sin el Cristo.

El intento de agresión a una imagen sevillana que aún permanece en el imaginario colectivo de la ciudad fueron los dos disparos contra la Estrella la tarde del Jueves Santo de 1932. Un enorme gentío se agolpaba en las calles del centro para ver a la única cofradía que había acordado, no sin polémica, realizar su estación en aquella primera Semana Santa de la II República.

Los dos pasos de la Estrella, por entonces una cofradía de escasos recursos, salieron de San Jacinto sobre las cinco de la tarde. A las ocho y media, cuando el palio se detuvo ante la Puerta de San Miguel, se efectuaron los dos disparos contra el paso de la Virgen, sin que por fortuna alcanzara a la imagen. El autor del ataque fue Emiliano González Sánchez, de 21 años.

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